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viernes, 20 de febrero de 2026

Desayunos en Cuaresma - VIERNES DESPUÉS DE CENIZA — Mt 9,14-15

  

 


 

Los discípulos preguntan por qué no ayunan como otros.
Jesús responde con una imagen preciosa: cuando el esposo está, hay alegría.
El ayuno cristiano no nace de la tristeza, nace del deseo.
Como cuando echas de menos a alguien y cuidas los detalles por amor.
Ayunar es decirle a tu corazón: “no todo lo que apetece me conviene”.
Es apagar un rato el ruido para escuchar lo importante.
No ayunas para demostrar fuerza, sino para crecer en libertad.
Y también para sentir compasión: si tú renuncias a algo, entiendes mejor al que no tiene.
Hoy elige un ayuno posible: menos pantalla, menos queja, menos prisa.
Y llena ese hueco con algo bueno: una oración, una visita, un mensaje de ánimo.


jueves, 19 de febrero de 2026

Desayunos en Cuaresma - JUEVES DESPUÉS DE CENIZA — Lc 9,22-25

  


Jesús no te vende una vida fácil: te ofrece una vida verdadera.
Hay cruces que no eliges… pero puedes elegir cómo llevarlas.
“Cargar la cruz” no es resignación: es amor en movimiento.
Como quien sube una cuesta y se apoya en un bastón: no se rinde, se sostiene.
A veces la cruz es perdonar, pedir perdón, empezar de nuevo, cortar una mala costumbre.
Jesús te dice: no te pierdas por “ganar cosas”.
Porque puedes tenerlo todo por fuera y estar vacío por dentro.
Perder la vida por amor es, en realidad, salvarla.
Hoy pregúntate: ¿qué parte de mí necesito soltar para caminar más ligero?
Una cruz llevada con Él pesa menos, porque no la llevas en soledad.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Desayunos en Cuaresma - MIÉRCOLES DE CENIZA — Mt 6,1-6.16-18


Hoy Jesús te propone una Cuaresma sin espectáculo.
Como quien riega una planta por la raíz, no por las hojas.
La raíz es lo que nadie ve: tu intención, tu verdad, tu corazón.
Orar no es “quedar bien con Dios”, es volver a casa.
Ayunar no es castigarte, es hacer sitio por dentro.
Limosna no es “dar lo que sobra”, es abrir una puerta al otro.
Si todo lo haces para que te aplaudan, el aplauso será tu premio… y se acaba pronto.
Si lo haces en secreto, Dios te recompensa con algo mejor: paz, libertad, claridad.
La ceniza te recuerda que no eres eterno… para que elijas lo que sí vale la pena.
Empieza simple: hoy una oración corta, una renuncia pequeña, un gesto generoso.


 


 


Pregón Cuaresma 2026


A ti que me lees:

Hoy empieza Cuaresma.
Y sí… ya lo sabes: ceniza, ayuno, limosna, oración.
Pero escucha esto: no es “lo de siempre”.

Cuaresma no es una temporada triste.
Es una invitación a volver a casa.
A volver al centro.
A volver a Jesús.

Y qué “casa” más real que esta:
una capilla abierta, una custodia, un silencio que cura, un Dios que se queda.


La ceniza: no es para hundirte, es para despertarte

Cuando recibes la ceniza no es Dios diciendo: “eres poca cosa”.
Es Dios diciendo: “no te pierdas en lo que no vale”.

Eres polvo, sí…
pero polvo amado, polvo llamado, polvo con futuro.

La ceniza es como un “recordatorio” en la frente:
“no te distraigas de tu vida”.
Porque la vida se va… y el amor también puede pasar de largo si no lo eliges.

“Conviértanse y crean en el Evangelio” (cf. Mc 1,15).
O sea: vuelve y confía.


El ayuno: no es pasar hambre, es recuperar libertad

Hoy el problema no es que comamos mucho.
El problema es que nos llenamos de cosas que no alimentan.

Ayuna, sí… pero sobre todo ayuna de:

  • pantallas que te roban el alma,

  • prisas que te dejan vacío,

  • quejas que te envenenan,

  • comparaciones que te apagan,

  • palabras hirientes que no arreglan nada.

El ayuno de Cuaresma es decir:
“yo no soy esclavo de lo que me tira por dentro”.

Y si quieres un ayuno potente:
ayuna de vivir en automático.


La limosna: no es “dar algo”, es volverte humano

Limosna no es “soltar monedas”.
Es romper el cerrojo del yo.

En la Capilla se aprende algo claro:
si te encuentras con Jesús, sales más sensible, más despierto, más hermano.

Limosna hoy puede ser:

  • mirar a alguien a los ojos,

  • escuchar sin móvil,

  • llamar al que está solo,

  • compartir tiempo,

  • colaborar con algo concreto,

  • perdonar una deuda emocional.

El profeta lo dijo sin rodeos:
el ayuno que Dios quiere es partir tu pan y abrir tu casa (cf. Is 58,6-7).


La oración: no es “cumplir”, es dejarte mirar

Aquí en la Capilla pasa lo más loco:
Jesús te mira y no te exige un personaje.

No te pide que seas perfecto.
Te pide que seas real.

“Cuando ores, entra en tu cuarto…” (cf. Mt 6,6).
Traducido a hoy:
apaga el ruido y enciende el corazón.

Orar no es hablar mucho.
A veces es solo decir:

  • “Aquí estoy”.

  • “Me duele”.

  • “No puedo más”.

  • “Gracias”.

  • “Ayúdame”.

Y quedarte.

En esta Capilla no vienes a impresionar a nadie.
Vienes a dejarte salvar.


¿Qué tiene de diferente esta Cuaresma en la Capilla?

Que aquí no haces Cuaresma “a solas”.
La haces con Alguien.

Jesús no es una idea.
Está aquí.
Eucaristía.
Presencia.
Fidelidad.

Aquí Cuaresma se vuelve simple y fuerte:

  • Menos ruido. Más verdad.

  • Menos ego. Más amor.

  • Menos prisa. Más sentido.

  • Menos apariencia. Más Evangelio.

Jesús se fue al desierto… pero no para sufrir.
Para elegir bien. Para amar mejor (cf. Mt 4,1-11).


Una propuesta “juvenil y real” para vivirla aquí

Te lanzo un reto de Capilla para Cuaresma:

  1. Ven una vez por semana (aunque sean 20 minutos).

  2. Trae una intención concreta: alguien por quien rezar.

  3. Elige un ayuno que te libere (no postureo).

  4. Haz una limosna con nombre y apellido (una persona, una causa, un gesto real).

  5. Confiesa y suelta peso antes de Pascua (no arrastres lo que te hunde).

Esto cambia la vida. Sin espectáculo.


 Llamada final 

 A ti que me lees y has llegado hasta aquí.

Si tienes cansancios, ven.
Si por dentro todo está roto en ti, ven.
Si estás a oscuras y no ves claro, ven.
Si estás lejos, ven.
Si estás buscando, ven.

No porque aquí seamos mejores…
sino porque aquí Él se queda.

Esta Cuaresma no la vivas desde la culpa.
Vívela desde la oportunidad.

Empieza el camino.
Empieza la esperanza.
Empieza el regreso.

Y aquí, en esta Capilla,
Jesús te espera…
y también te necesita.

Amén.


Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026

                           Escuchar y ayunar.

        La Cuaresma como tiempo de conversión

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

    Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

                                    Escuchar

    Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

    Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

    Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

    Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

                            Ayunar

    Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

    San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

        Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]

        Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

                                Juntos

    Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

    Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

    Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

    Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

        Vaticano, 5 de febrero de 2026, 

        memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

        LEÓN XIV PP.

 


 

lunes, 9 de febrero de 2026

Solo para personas muy ocupadas : Retiro de Cuaresma


      

Comenzamos a prepararnos para la Cuaresma. El miércoles de ceniza marca el inicio del camino hacia la Pascua, es el 18 de febrero. En ese contexto, recién estrenado este tiempo litúrgico tienes la posibilidad de participar en el Retiro de Cuaresma. 

    Ya son varias ocasiones en que hemos ofrecido esta modalidad de solamente dos horas y ha tenido muy buena acogida y respuesta. Vivimos en la sociedad de las prisas y a todos nos viene bien, hacer un pequeño parón y poderlo priorizar y reservar.

    Como dato anecdótico puede motivarte a no perdértelo lo sucedido en el último retiro, en adviento. Había un tiempo metereológico muy adverso. Yo mismo pensaba incluso que seríamos dos o tres, pero con los que fueran lo iba a ofrecer. 

    Pocos minutos antes de la hora convocada, empezaron a llegar distintas personas, procedentes de diversos lugares de la isla, del norte, del sur, de la ciudad...Hasta llegar a unos treinta. Admirable ejemplo de interés y participación.

    Así que ya sabes, no dejes que ni el miedo, ni la pereza te paralicen y acércate el próximo sábado 21 de febrero de 11 a 1 en la Capilla de Adoración. Resérvalo ya en tu agenda. Será una oportunidad única, un momento de gracia. 

martes, 3 de febrero de 2026

Tienes una carta de San Blas...

  


    Carta de San Blas

 

    Queridos amigos, hermanos y peregrinos que hoy, tres de febrero, han entrado en esta ermita —hoy Capilla de Adoración—:

    Les escribo como pastor y como testigo. No como alguien “de museo”, sino como quien aprendió en la carne que la fe no es un adorno: es una roca cuando todo tiembla.

    Y por eso me conmueve verles aquí: porque en este lugar no vienen solo a recordarme a mí… vienen a encontrarse con Jesús vivo, el mismo que hoy se les entrega en la Eucaristía y se queda después, humilde y silencioso, para que lo adoren.



1) Una frase que sostiene cuando falta el aire


Hoy han escuchado en la primera lectura:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” 

Esa pregunta no es teoría. Cuando llega la presión, la incomprensión, la amenaza, o simplemente el desgaste de la vida, el corazón se llena de voces: “no vas a poder”, “estás solo”, “te van a señalar”, “ya no hay salida”…

Y entonces la Palabra responde con una firmeza que cura por dentro:

  • Dios no escatimó a su propio Hijo, lo entregó por nosotros. 
  • Cristo murió, resucitó, está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. 
  • Y nada podrá separarnos de su amor: ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni peligro, ni espada. 

¿Lo ves? La Eucaristía es precisamente eso: el Hijo entregado. Cada Misa hace presente ese amor que no se echa atrás. Y cuando comulgas, no recibes “una idea”: recibes una Presencia que te sostiene desde dentro.

Si has venido hoy con la garganta apretada por preocupaciones, te lo digo como hermano: Dios no te está acusando; Dios te está defendiendo. Y el lugar donde más se nota esa defensa es aquí: en el altar y en el Sagrario.




    2) “El Señor me libró de todas mis ansias” — y aquí se aprende cómo


    El salmo les pone en la boca una respuesta que es medicina:
El Señor me libró de todas mis ansias.” 

    Y fíjate qué camino propone (tan sencillo que parece poca cosa… hasta que lo pruebas):

  • Bendigo al Señor en todo momento… su alabanza está siempre en mi boca.” 
  • “Yo consulté al Señor, y me respondió.” 
  • “Contempladlo, y quedaréis radiantes.” 
  • “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.” 
  • “Gustad y ved qué bueno es el Señor.” 
    ¿Entienden por qué esto suena tan eucarístico?
Porque en la Misa contemplas… y en la comunión gustas. Y cuando termina la celebración, la adoración prolonga lo que has vivido: seguir contemplándolo, sin prisa, hasta que el corazón se ordena.

    Muchos vienen aquí sin fuerzas para grandes discursos. No pasa nada. A veces la oración más verdadera es:
Señor, mírame… porque yo ya no sé ni mirarme bien.



    3) El Evangelio me retrata y también a ti...


    En el Evangelio Jesús te ha dicho:

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” 

    Yo no busqué la muerte. Busqué ser fiel. Y descubrí esto: hay muertes pequeñas que salvan la vida grande.

    Pero hoy, en una Capilla de Adoración, esa palabra tiene además un brillo especial: el trigo que cae, se muele, se amasa… termina siendo pan. Y el Pan eucarístico es el modo más humilde y más poderoso que eligió Dios para quedarse contigo.

    Por eso Jesús sigue:

  • El que se ama a sí mismo se pierde…” 
  • “El que quiera servirme, que me siga…” 
  • “Donde esté yo, allí también estará mi servidor.” 

    Cómo se traduce todo ello para hoy:
si vives agarrado al control, a la imagen, a quedar bien, a no complicarte… te vas vaciando por dentro.
Pero si te entregas —aunque cueste— empiezas a dar fruto: paz, valentía, verdad, caridad.

    Y la Eucaristía es la escuela de esa entrega: Cristo no se guarda; se da. Y al comulgar, te enseña su forma de vivir.



    4) Lo que yo te diría delante del Sagrario


    Te deseo que hoy no marches igual que entraste.

    1) Pon nombre a tu “ansia”.
La que sea: miedo, culpa, soledad, problemas familiares, cansancio espiritual. Y dísela al Señor, tal cual.

    2) Deja que Él te mire.
La adoración no es “hacer cosas”. Es estar con Alguien que te conoce y no te rechaza.

    3) Vive la Misa como encuentro, no como trámite.
Cuando veas el Pan, piensa: “Esto es amor entregado por mí”. 
Cuando comulgues, piensa: “Nada me separará de tu amor”. 

    4) Elige tu grano de trigo concreto.
Una renuncia pequeña y real que abra un fruto: reconciliarte, retomar la oración, confesar, cortar con lo que te esclaviza, servir a alguien, volver a empezar.

    5) Si has sentido una llamada, únete.
Esta Capilla vive de corazones que se turnan para acompañar al Señor. Si hoy te ha tocado por dentro, quizá no sea casualidad: quizá Jesús te esté diciendo, muy bajito:
Quédate conmigo.”



    Les bendigo con cariño de pastor y de amigo. Y les dejo mi deseo más simple: que aquí, ante Jesús Eucaristía, su garganta recupere la voz… y su vida recupere el rumbo.

Con afecto,
San Blas

Desayunos en Cuaresma - MARTES 2ª SEMANA CUARESMA - Mt 23,1-12 (Humildad verdadera)


  

Jesús critica la fe de escaparate.
No porque la fe sea mala, sino porque la apariencia sin corazón cansa.
Es como pintar una casa por fuera y dejarla en ruinas por dentro.
Dios no busca “gente perfecta”, busca gente verdadera.
El Evangelio de hoy es una llamada a la coherencia: hacer lo que dices.
Y también a la humildad: no vivir para “ser el primero”.
La humildad no es pensar mal de ti.
Es saber quién eres, sin inflarte y sin hundirte.
Jesús lo deja claro: el grande es el que sirve.
Hoy revisa tus “porqués”: ¿hago esto por amor o por quedar bien?
Y elige un servicio pequeño, escondido, sin aplauso.