Los
discípulos preguntan por qué no ayunan como otros.
Jesús
responde con una imagen preciosa: cuando el esposo está, hay
alegría.
El ayuno cristiano no nace de la tristeza, nace del
deseo.
Como cuando echas de menos a alguien y cuidas los
detalles por amor.
Ayunar es decirle a tu corazón: “no todo
lo que apetece me conviene”.
Es apagar un rato el ruido para
escuchar lo importante.
No ayunas para demostrar fuerza, sino
para crecer en libertad.
Y también para sentir compasión: si
tú renuncias a algo, entiendes mejor al que no tiene.
Hoy elige
un ayuno posible: menos pantalla, menos queja, menos prisa.
Y
llena ese hueco con algo bueno: una oración, una visita, un mensaje
de ánimo.

El ayuno me ha servido a vencer muchas falencias de mi vida y a entender que no soy yo ayunando es Jesús que ayuna en mi
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