lunes, 23 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - LUNES 1ª SEMANA - Mateo 25, 31-46
Jesús pone el listón donde menos lo esperas: en lo concreto.
domingo, 22 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - DOMINGO I DE CUARESMA — Mt 4,1-11 (Las tentaciones)
Jesús
entra en el desierto para enseñar a tu corazón a elegir bien.
El
tentador ofrece atajos: pan sin confianza, poder sin servicio, gloria
sin cruz.
Es como querer cosechar sin sembrar: parece rápido,
pero sale caro.
La primera tentación es vivir solo de “lo
inmediato”: lo que me apetece, lo que me calma ya.
Pero el
corazón no se alimenta solo de pan: necesita sentido, verdad,
amor.
La segunda tentación es controlar y dominar: “si mando,
estoy seguro”.
Pero la seguridad verdadera nace de confiar, no
de aplastar.
La tercera tentación es el aplauso: vivir de la
mirada ajena.
Jesús responde con la Palabra, como quien usa una
linterna en la noche. Hoy tu desierto puede ser una ansiedad, un
hábito, una herida… y Jesús entra contigo.
sábado, 21 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - SÁBADO DESPUÉS DE CENIZA — Lc 5,27-32
Jesús
ve a Leví en su mesa de impuestos y le dice: “Sígueme”.
Lo
mira con una mirada que no encierra, sino que abre futuro.
Como
si le dijera: “No eres tu peor capítulo”.
Leví se levanta:
la conversión empieza con un paso.
Luego Jesús se sienta a la
mesa con gente señalada por todos.
Porque Dios no se asusta de
tus heridas: se acerca como médico.
La Cuaresma no es para “los
perfectos”, es para los que quieren curarse.
Hoy Jesús
también te ve “en tu mesa”: en tu rutina, en tu lío, en tu
cansancio.
Y te repite lo mismo: “Sígueme… ahora, como
estás”.
No esperes a estar impecable para empezar: empieza y
Él te irá cambiando.
viernes, 20 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - VIERNES DESPUÉS DE CENIZA — Mt 9,14-15
Los
discípulos preguntan por qué no ayunan como otros.
Jesús
responde con una imagen preciosa: cuando el esposo está, hay
alegría.
El ayuno cristiano no nace de la tristeza, nace del
deseo.
Como cuando echas de menos a alguien y cuidas los
detalles por amor.
Ayunar es decirle a tu corazón: “no todo
lo que apetece me conviene”.
Es apagar un rato el ruido para
escuchar lo importante.
No ayunas para demostrar fuerza, sino
para crecer en libertad.
Y también para sentir compasión: si
tú renuncias a algo, entiendes mejor al que no tiene.
Hoy elige
un ayuno posible: menos pantalla, menos queja, menos prisa.
Y
llena ese hueco con algo bueno: una oración, una visita, un mensaje
de ánimo.
jueves, 19 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - JUEVES DESPUÉS DE CENIZA — Lc 9,22-25
Jesús
no te vende una vida fácil: te ofrece una vida verdadera.
Hay
cruces que no eliges… pero puedes elegir cómo llevarlas.
“Cargar
la cruz” no es resignación: es amor en movimiento.
Como quien
sube una cuesta y se apoya en un bastón: no se rinde, se sostiene.
A
veces la cruz es perdonar, pedir perdón, empezar de nuevo, cortar
una mala costumbre.
Jesús te dice: no te pierdas por “ganar
cosas”.
Porque puedes tenerlo todo por fuera y estar vacío
por dentro.
Perder la vida por amor es, en realidad,
salvarla.
Hoy pregúntate: ¿qué parte de mí necesito soltar
para caminar más ligero?
Una cruz llevada con Él pesa menos,
porque no la llevas en soledad.
miércoles, 18 de febrero de 2026
Desayunos en Cuaresma - MIÉRCOLES DE CENIZA — Mt 6,1-6.16-18
Hoy
Jesús te propone una Cuaresma sin espectáculo.
Como quien
riega una planta por la raíz, no por las hojas.
La raíz es lo
que nadie ve: tu intención, tu verdad, tu corazón.
Orar no es
“quedar bien con Dios”, es volver a casa.
Ayunar no es
castigarte, es hacer sitio por dentro.
Limosna no es “dar lo
que sobra”, es abrir una puerta al otro.
Si todo lo haces para
que te aplaudan, el aplauso será tu premio… y se acaba pronto.
Si
lo haces en secreto, Dios te recompensa con algo mejor: paz,
libertad, claridad.
La ceniza te recuerda que no eres eterno…
para que elijas lo que sí vale la pena.
Empieza simple: hoy una
oración corta, una renuncia pequeña, un gesto generoso.
Pregón Cuaresma 2026
A ti que me lees:
Hoy empieza Cuaresma.
Y sí… ya lo sabes: ceniza, ayuno, limosna, oración.
Pero escucha esto: no es “lo de siempre”.
Cuaresma no es una temporada triste.
Es una invitación a volver a casa.
A volver al centro.
A volver a Jesús.
Y qué “casa” más real que esta:
una capilla abierta, una custodia, un silencio que cura, un Dios que se queda.
La ceniza: no es para hundirte, es para despertarte
Cuando recibes la ceniza no es Dios diciendo: “eres poca cosa”.
Es Dios diciendo: “no te pierdas en lo que no vale”.
Eres polvo, sí…
pero polvo amado, polvo llamado, polvo con futuro.
La ceniza es como un “recordatorio” en la frente:
“no te distraigas de tu vida”.
Porque la vida se va… y el amor también puede pasar de largo si no lo eliges.
“Conviértanse y crean en el Evangelio” (cf. Mc 1,15).
O sea: vuelve y confía.
El ayuno: no es pasar hambre, es recuperar libertad
Hoy el problema no es que comamos mucho.
El problema es que nos llenamos de cosas que no alimentan.
Ayuna, sí… pero sobre todo ayuna de:
-
pantallas que te roban el alma,
-
prisas que te dejan vacío,
-
quejas que te envenenan,
-
comparaciones que te apagan,
-
palabras hirientes que no arreglan nada.
El ayuno de Cuaresma es decir:
“yo no soy esclavo de lo que me tira por dentro”.
Y si quieres un ayuno potente:
ayuna de vivir en automático.
La limosna: no es “dar algo”, es volverte humano
Limosna no es “soltar monedas”.
Es romper el cerrojo del yo.
En la Capilla se aprende algo claro:
si te encuentras con Jesús, sales más sensible, más despierto, más hermano.
Limosna hoy puede ser:
-
mirar a alguien a los ojos,
-
escuchar sin móvil,
-
llamar al que está solo,
-
compartir tiempo,
-
colaborar con algo concreto,
-
perdonar una deuda emocional.
El profeta lo dijo sin rodeos:
el ayuno que Dios quiere es partir tu pan y abrir tu casa (cf. Is 58,6-7).
La oración: no es “cumplir”, es dejarte mirar
Aquí en la Capilla pasa lo más loco:
Jesús te mira y no te exige un personaje.
No te pide que seas perfecto.
Te pide que seas real.
“Cuando ores, entra en tu cuarto…” (cf. Mt 6,6).
Traducido a hoy:
apaga el ruido y enciende el corazón.
Orar no es hablar mucho.
A veces es solo decir:
-
“Aquí estoy”.
-
“Me duele”.
-
“No puedo más”.
-
“Gracias”.
-
“Ayúdame”.
Y quedarte.
En esta Capilla no vienes a impresionar a nadie.
Vienes a dejarte salvar.
¿Qué tiene de diferente esta Cuaresma en la Capilla?
Que aquí no haces Cuaresma “a solas”.
La haces con Alguien.
Jesús no es una idea.
Está aquí.
Eucaristía.
Presencia.
Fidelidad.
Aquí Cuaresma se vuelve simple y fuerte:
-
Menos ruido. Más verdad.
-
Menos ego. Más amor.
-
Menos prisa. Más sentido.
-
Menos apariencia. Más Evangelio.
Jesús se fue al desierto… pero no para sufrir.
Para elegir bien. Para amar mejor (cf. Mt 4,1-11).
Una propuesta “juvenil y real” para vivirla aquí
Te lanzo un reto de Capilla para Cuaresma:
-
Ven una vez por semana (aunque sean 20 minutos).
-
Trae una intención concreta: alguien por quien rezar.
-
Elige un ayuno que te libere (no postureo).
-
Haz una limosna con nombre y apellido (una persona, una causa, un gesto real).
-
Confiesa y suelta peso antes de Pascua (no arrastres lo que te hunde).
Esto cambia la vida. Sin espectáculo.
Llamada final
A ti que me lees y has llegado hasta aquí.
Si tienes cansancios, ven.
Si por dentro todo está roto en ti, ven.
Si estás a oscuras y no ves claro, ven.
Si estás lejos, ven.
Si estás buscando, ven.
No porque aquí seamos mejores…
sino porque aquí Él se queda.
Esta Cuaresma no la vivas desde la culpa.
Vívela desde la oportunidad.
Empieza el camino.
Empieza la esperanza.
Empieza el regreso.
Y aquí, en esta Capilla,
Jesús te espera…
y también te necesita.
Amén.
Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma 2026
Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión
Queridos hermanos y hermanas:
La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.
Escuchar
Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.
Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.
Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.
Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]
Ayunar
Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]
Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Juntos
Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).
Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.
Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.
Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.
Vaticano, 5 de febrero de 2026,
memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
LEÓN XIV PP.








