Si eres una persona mayor, esto es para ti.
Si puedes
ir a la Misa con el Papa y tu corazón te lo pide, no dejes que otros
apaguen tu ilusión. Ve con prudencia, acompañado y con paz. Tu presencia
cuenta, tu oración cuenta y tu historia de fe también tiene un lugar en
el Estadio de Gran Canaria.
A veces una persona mayor desea ir, pero escucha a otros decir:
“No vayas, habrá mucha gente”, “te vas a cansar”, “eso es un lío”, “mejor lo ves por la tele”, “nosotros no vamos”…
Y poco a poco se le enfría el corazón.
Por eso conviene hablarle con cariño, pero también con firmeza.
1. Porque tu fe también tiene derecho a decidir
Que otros no quieran ir es respetable.
Pero tu fe también merece ser respetada.
No tienes que dejar que otras personas decidan por ti algo que puede ser muy importante para tu alma.
Frase clave:
“Gracias por preocuparte por mí, pero para mí esta Misa es importante. Me gustaría estar allí.”
2. Porque no vas por capricho, vas por amor a Cristo
No es una salida cualquiera.
No es un espectáculo.
No es una excursión más.
Vas a una Eucaristía, vas a rezar, vas a encontrarte con Cristo, vas a vivir un momento de Iglesia.
Frase clave:
“No voy por curiosidad. Voy porque quiero vivir esta gracia con fe.”
3. Porque las personas mayores han sostenido la fe de Canarias
Muchas personas mayores han rezado toda la vida, han transmitido la fe en sus casas, han sostenido parroquias, han ido a misa con lluvia, cansancio, problemas y sacrificios.
Sería triste que ahora, en un momento tan especial, otros les apagaran el deseo de estar presentes.
Ustedes no sobran. Ustedes hacen falta.
Su presencia habla de fidelidad, de memoria, de oración y de vida entregada.
4. Porque seguro no habrá otra ocasión igual
Hay cosas que no se repiten fácilmente.
Una Misa con el Papa en Gran Canaria no es un acontecimiento de todos los años.
Se puede ver por televisión, sí.
Pero quien pueda ir y tenga fuerzas suficientes, sabe que estar allí no será lo mismo que verlo desde casa.
Frase clave:
“Si puedo ir, no quiero quedarme con la pena de haber dejado pasar este momento.”
5. Porque el cansancio de una tarde puede convertirse en ofrenda
Sí, puede haber espera.
Sí, puede haber cansancio.
Sí, habrá que organizarse.
Pero una persona creyente sabe que el cansancio también se puede ofrecer a Dios.
No todo lo valioso es cómodo. Muchas cosas grandes de la vida han costado esfuerzo: sacar adelante una familia, cuidar enfermos, trabajar, educar hijos, servir en la Iglesia.
Frase clave:
“Me cansaré un poco, pero lo ofreceré al Señor.”
6. Porque no hay que confundir prudencia con miedo
Es bueno ser prudente: llevar agua, gorra, medicación si hace falta, ir acompañado, seguir las indicaciones, no imprudencias.
Pero una cosa es ser prudente y otra dejar que el miedo mande.
La prudencia organiza. El miedo paraliza.
Y la fe nos ayuda a caminar con serenidad.
7. Porque tu testimonio puede tocar a tu familia
Puede que algunos familiares estén alejados de la Iglesia.
Puede que no entiendan por qué quieres ir.
Pero precisamente por eso tu decisión puede ser una semilla.
Sin discutir, sin imponer, sin enfadarte, puedes decir:
“Yo respeto que ustedes no quieran ir, pero esto para mí es importante. Me hace bien. Quiero ir.”
A veces la fe serena de una persona mayor evangeliza más que muchos sermones.
8. Porque no debes dejar que te apaguen la ilusión
Si dentro de ti hay una pequeña alegría por ir, cuídala.
No dejes que la queja de otros te robe esa ilusión.
Hay personas que, sin mala intención, contagian desánimo:
“Eso será un lío”, “no merece la pena”, “para qué vas”…
Pero tú puedes responder interiormente:
“Quizá para ti no merece la pena. Para mí sí.”
9. Porque ir puede renovar tu corazón
Una persona mayor también necesita esperanza.
También necesita emocionarse.
También necesita sentir que sigue formando parte de la Iglesia viva.
No vas solo a mirar.
Vas a rezar, a dar gracias por tu vida, a poner a tu familia ante Dios, a pedir por Canarias, por los enfermos, por los migrantes, por la paz, por los jóvenes y por la Iglesia.
10. Porque tu sitio también cuenta
No pienses: “Yo ya soy mayor, da igual que vaya o no vaya.”
No da igual.
Tu presencia cuenta. Tu oración cuenta. Tu historia cuenta. Tus sacrificios cuentan.
En un estadio lleno, Dios no ve una multitud anónima.
Dios ve rostros, vidas, heridas, esperanzas y fidelidades. También ve la tuya.
Si eres una persona mayor:
No dejes que otros decidan por tu fe.
Si de verdad deseas ir y puedes hacerlo con prudencia, ve.
Organízate, busca compañía, cuida tu salud, pero no permitas que el miedo, la comodidad o la opinión de otros te roben una gracia.
Has vivido muchos años de fe, de oración y de entrega.
Tu presencia en esa Misa también será una forma de decir:
“Señor, aquí estoy. He caminado contigo y quiero seguir alzando la mirada.”






