Tu alimento para hoy - desplaza hacia abajo la barra situada a la derecha para leer la Palabra de este nuevo día

martes, 3 de febrero de 2026

Tienes una carta de San Blas...

  


    Carta de San Blas

 

    Queridos amigos, hermanos y peregrinos que hoy, tres de febrero, han entrado en esta ermita —hoy Capilla de Adoración—:

    Les escribo como pastor y como testigo. No como alguien “de museo”, sino como quien aprendió en la carne que la fe no es un adorno: es una roca cuando todo tiembla.

    Y por eso me conmueve verles aquí: porque en este lugar no vienen solo a recordarme a mí… vienen a encontrarse con Jesús vivo, el mismo que hoy se les entrega en la Eucaristía y se queda después, humilde y silencioso, para que lo adoren.



1) Una frase que sostiene cuando falta el aire


Hoy han escuchado en la primera lectura:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” 

Esa pregunta no es teoría. Cuando llega la presión, la incomprensión, la amenaza, o simplemente el desgaste de la vida, el corazón se llena de voces: “no vas a poder”, “estás solo”, “te van a señalar”, “ya no hay salida”…

Y entonces la Palabra responde con una firmeza que cura por dentro:

  • Dios no escatimó a su propio Hijo, lo entregó por nosotros. 
  • Cristo murió, resucitó, está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. 
  • Y nada podrá separarnos de su amor: ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni peligro, ni espada. 

¿Lo ves? La Eucaristía es precisamente eso: el Hijo entregado. Cada Misa hace presente ese amor que no se echa atrás. Y cuando comulgas, no recibes “una idea”: recibes una Presencia que te sostiene desde dentro.

Si has venido hoy con la garganta apretada por preocupaciones, te lo digo como hermano: Dios no te está acusando; Dios te está defendiendo. Y el lugar donde más se nota esa defensa es aquí: en el altar y en el Sagrario.




    2) “El Señor me libró de todas mis ansias” — y aquí se aprende cómo


    El salmo les pone en la boca una respuesta que es medicina:
El Señor me libró de todas mis ansias.” 

    Y fíjate qué camino propone (tan sencillo que parece poca cosa… hasta que lo pruebas):

  • Bendigo al Señor en todo momento… su alabanza está siempre en mi boca.” 
  • “Yo consulté al Señor, y me respondió.” 
  • “Contempladlo, y quedaréis radiantes.” 
  • “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.” 
  • “Gustad y ved qué bueno es el Señor.” 
    ¿Entienden por qué esto suena tan eucarístico?
Porque en la Misa contemplas… y en la comunión gustas. Y cuando termina la celebración, la adoración prolonga lo que has vivido: seguir contemplándolo, sin prisa, hasta que el corazón se ordena.

    Muchos vienen aquí sin fuerzas para grandes discursos. No pasa nada. A veces la oración más verdadera es:
Señor, mírame… porque yo ya no sé ni mirarme bien.



    3) El Evangelio me retrata y también a ti...


    En el Evangelio Jesús te ha dicho:

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” 

    Yo no busqué la muerte. Busqué ser fiel. Y descubrí esto: hay muertes pequeñas que salvan la vida grande.

    Pero hoy, en una Capilla de Adoración, esa palabra tiene además un brillo especial: el trigo que cae, se muele, se amasa… termina siendo pan. Y el Pan eucarístico es el modo más humilde y más poderoso que eligió Dios para quedarse contigo.

    Por eso Jesús sigue:

  • El que se ama a sí mismo se pierde…” 
  • “El que quiera servirme, que me siga…” 
  • “Donde esté yo, allí también estará mi servidor.” 

    Cómo se traduce todo ello para hoy:
si vives agarrado al control, a la imagen, a quedar bien, a no complicarte… te vas vaciando por dentro.
Pero si te entregas —aunque cueste— empiezas a dar fruto: paz, valentía, verdad, caridad.

    Y la Eucaristía es la escuela de esa entrega: Cristo no se guarda; se da. Y al comulgar, te enseña su forma de vivir.



    4) Lo que yo te diría delante del Sagrario


    Te deseo que hoy no marches igual que entraste.

    1) Pon nombre a tu “ansia”.
La que sea: miedo, culpa, soledad, problemas familiares, cansancio espiritual. Y dísela al Señor, tal cual.

    2) Deja que Él te mire.
La adoración no es “hacer cosas”. Es estar con Alguien que te conoce y no te rechaza.

    3) Vive la Misa como encuentro, no como trámite.
Cuando veas el Pan, piensa: “Esto es amor entregado por mí”. 
Cuando comulgues, piensa: “Nada me separará de tu amor”. 

    4) Elige tu grano de trigo concreto.
Una renuncia pequeña y real que abra un fruto: reconciliarte, retomar la oración, confesar, cortar con lo que te esclaviza, servir a alguien, volver a empezar.

    5) Si has sentido una llamada, únete.
Esta Capilla vive de corazones que se turnan para acompañar al Señor. Si hoy te ha tocado por dentro, quizá no sea casualidad: quizá Jesús te esté diciendo, muy bajito:
Quédate conmigo.”



    Les bendigo con cariño de pastor y de amigo. Y les dejo mi deseo más simple: que aquí, ante Jesús Eucaristía, su garganta recupere la voz… y su vida recupere el rumbo.

Con afecto,
San Blas

sábado, 24 de enero de 2026

San Blas: garganta sanadora para palabras de vida

 



    Hay santos que el pueblo nunca olvida.

    Y no es por nostalgia, sino porque siguen hablando hoy.

    El próximo 3 de febrero celebramos a San Blas, patrono de esta ermita y protector de la garganta. Pero San Blas es solo un santo “milagroso”. Es en su tiempo obispo, mártir y testigo fiel de Cristo hasta el final. Un hombre que, en tiempos de persecución, elige permanecer unido al Señor, incluso cuando eso le cuesta la vida.

    Por eso,  tú y yo, podemos llamarlo, con toda verdad, un santo eucarístico.
Porque la Eucaristía forma corazones firmes, palabras limpias y vidas entregadas.

    Venimos de un Año Jubilar ya clausurado, pero la esperanza no se archiva. Al contrario: se pone en camino. En un mundo herido por la violencia, la injusticia y la falta de paz necesitamos más que nunca palabras sanas, nacidas de corazones sanados y de una garganta bendecida para decir verdad, consuelo y bien.

    San Blas te recuerda algo muy actual:

-lo que dices puede herir o sanar,

-dividir o reconciliar,

-apagar la esperanza o encenderla.

    Este año, además, miramos con ilusión al próximo viaje del Papa a Canarias, signo de cercanía, de escucha y de llamada a cuidar la dignidad de cada persona. La Iglesia camina, acompaña y ora… y lo hace desde la Eucaristía.

    Por eso, en esta fiesta, queremos invitarte a dar un paso más:
a unirte a la familia eucarística de la Capilla de Adoración en la Ermita de San Blas, donde Jesús permanece expuesto muchas horas cada día, esperando corazones disponibles.

    No hace falta saber rezar “mucho”.
    Hace falta querer estar.

    San Blas intercede.
    La Eucaristía transforma.
    Y tú puedes formar parte de esta historia viva.

¿Dónde? Capilla de Adoración – Ermita de San Blas
Los horarios de apertura (desde 7 mañana a 8 tarde) y Eucaristías del día 3 de febrero están disponibles en el cartel de esta jornada. Por la mañana, las celebraciones, cada dos horas, en la ermita hasta la una del mediodía incluida. Por la tarde, desde las cuatro hasta las ocho, ambas inclusive en la iglesia de Santo Domingo. Fíjate bien en el cartel porque ahí tienes toda la información. 

Si lo deseas, puedes difundir esta invitación juntamente con el cartel. Gracias. Nos vemos el próximo martes 3 de febrero, San Blas, será una alegría saludarnos y compartir juntos esta fecha entrañable. 

Ven. Adora. Deja que Dios sane tu voz… y tu vida.


lunes, 5 de enero de 2026

¡Mensaje de los Reyes Magos para ti!

 


Mensaje de Melchor

 

    Hola. Soy Melchor.


    Vengo de lejos… pero, si te soy sincero, lo más largo no fue el camino: fue aprender a mirar.

    En el portal no encontramos un trono, sino un Niño. No hallamos seguridad, sino pobreza. Y, sin embargo, allí estaba lo más grande: un Dios que no se impone, se ofrece. Un Dios que no grita, susurra. Un Dios que no aplasta, se deja cargar.

    A ti, niño o niña:
cuando te digan que para valer hay que ganar siempre, recuerda: el Niño de Belén no “ganó” nada… y lo cambió todo. Si puedes, hoy regala algo sencillo: una sonrisa, un perdón, un “¿jugamos?”, un abrazo a quien se quedó fuera.

    A ti, adulto:
si estás cansado de las noticias, de la prisa, del cinismo, te entiendo. Pero no te resignes. El mundo no se arregla solo con discursos: se empieza arreglando con una decisión pequeña y concreta. Esta: no pasar de largo ante quien sufre.

    A creyentes y a quienes no lo son:
si no puedes decir “Dios”, di al menos “dignidad”. Si no puedes rezar, protege. Si no sabes cómo creer, haz el bien. Porque esa estrella que seguimos no era una teoría: era una llamada a caminar hacia lo humano.

    Mi regalo, el oro, hoy te lo traduzco así:
tu valor no se vende, y el valor del otro tampoco.
Sé inconformista, sí. Pero de los que construyen: de los que hacen el mundo más habitable empezando por su casa, su trabajo, su calle. 




Mensaje de Gaspar

 

    Soy Gaspar. 

    Me miras y quizá piensas: “Un cuento bonito”. Y lo entiendo. También yo dudé muchas veces. Pero pasó algo: en Belén, el corazón se me volvió más verdadero.

    Yo llevaba incienso, perfume para lo sagrado. Y descubrí que lo verdaderamente sagrado no era el humo que sube, sino la vida que se cuida. Lo sagrado es una madre que protege, un padre que busca pan, un niño que ríe, un anciano que no se rinde, un enfermo que espera compañía.

    A los niños:
no te dejes robar la capacidad de asombrarte. Cuando ves injusticias y te indignas, eso es un tesoro. No lo conviertas en rabia que rompe, conviértelo en valentía que ayuda: comparte, defiende al que molestan, pide perdón rápido, di la verdad.

    A los adultos:
hay gente que se ríe de la esperanza. La llaman ingenuidad. Pero yo te digo: lo ingenuo no es esperar; lo ingenuo es creer que la indiferencia nos salvará.
    Si quieres un mundo más justo, empieza por una costumbre: escuchar de verdad. Escuchar sin pantalla, sin prisa, sin ironía.

    A creyentes y no creyentes:
si el incienso te suena a iglesia, quédate con esto: hay cosas que merecen respeto como si fueran sagradas: la infancia, la paz, el planeta, el pan, el trabajo digno, el derecho a vivir sin miedo.

    Mi regalo hoy se convierte en una petición:
no vivas de rodillas ante el dinero, ni ante el “siempre se ha hecho así”.
Vive de pie, con ternura y con coraje.




Mensaje de Baltasar

 

    Soy Baltasar. 

    Yo traía mirra, y sé que suena raro: es un perfume amargo, usado para heridas y para despedidas. ¿Por qué llevar eso a un Niño? Porque, al mirarlo, comprendimos algo fuerte: este Niño venía a tocar nuestras heridas, y a cargar también con las del mundo.

    A ti, niño o niña:
si alguna vez te sientes diferente, pequeño, fuera de lugar… recuerda que el primer hogar de Jesús fue un lugar simple. Y que en esa casa hubo sitio para pastores, para extranjeros, para gente rara como nosotros. Tú también tienes sitio. Y tu misión es sencilla: no dejes a nadie sin sitio.

    A ti, adulto inconformista:
tu cansancio es real. Tus ganas de justicia también. Pero ojo: no te conviertas en lo que criticas. No te acostumbres a despreciar, a etiquetar, a deshumanizar al que piensa distinto. La justicia sin compasión se vuelve dura. Y la compasión sin justicia se vuelve blanda. Las dos juntas cambian el mundo.

    A creyentes y no creyentes:
no hace falta estar de acuerdo en todo para caminar hacia lo humano. Podemos unirnos por algo básico: que ninguna persona sea tratada como cosa, que ningún niño crezca sin oportunidades, que la Tierra no sea un vertedero, que la paz no sea un slogan.

    Mi regalo, la mirra, hoy significa esto:
cuida las heridas (las tuyas y las ajenas) y no las tapes con ruido.
    Y haz una cosa concreta esta semana: elige una causa pequeña pero real—una persona sola, un gesto ecológico, una ayuda silenciosa, una reconciliación pendiente—y sosténla con fidelidad.

    Porque la estrella no era un adorno del cielo:
era una invitación a convertir la vida en camino.                                                Y el camino, en casa para todos.