Un
padre suplica por su hijo enfermo.
Cuando amas, te vuelves
humilde: pides ayuda.
Jesús le dice una palabra… y el padre
se pone en camino.
Todavía no ve el milagro, pero ya
confía.
Eso es fe: caminar apoyado en una promesa.
Como
cuando siembras: no ves la planta, pero sabes que crecerá.
En
la vida espiritual a veces queremos pruebas antes de confiar.
Dios,
en cambio, te invita a confiar para ver.
El padre cree, y su
casa se salva.
Tu fe también puede ser refugio para otros.
Hoy
sostiene a alguien con esperanza: una oración, una llamada, un
“cuenta conmigo”.
¿Y cómo resuena hoy esto en ti? Compártelo con tu comentario.

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Julio Roldán