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miércoles, 18 de febrero de 2026

Pregón Cuaresma 2026


A ti que me lees:

Hoy empieza Cuaresma.
Y sí… ya lo sabes: ceniza, ayuno, limosna, oración.
Pero escucha esto: no es “lo de siempre”.

Cuaresma no es una temporada triste.
Es una invitación a volver a casa.
A volver al centro.
A volver a Jesús.

Y qué “casa” más real que esta:
una capilla abierta, una custodia, un silencio que cura, un Dios que se queda.


La ceniza: no es para hundirte, es para despertarte

Cuando recibes la ceniza no es Dios diciendo: “eres poca cosa”.
Es Dios diciendo: “no te pierdas en lo que no vale”.

Eres polvo, sí…
pero polvo amado, polvo llamado, polvo con futuro.

La ceniza es como un “recordatorio” en la frente:
“no te distraigas de tu vida”.
Porque la vida se va… y el amor también puede pasar de largo si no lo eliges.

“Conviértanse y crean en el Evangelio” (cf. Mc 1,15).
O sea: vuelve y confía.


El ayuno: no es pasar hambre, es recuperar libertad

Hoy el problema no es que comamos mucho.
El problema es que nos llenamos de cosas que no alimentan.

Ayuna, sí… pero sobre todo ayuna de:

  • pantallas que te roban el alma,

  • prisas que te dejan vacío,

  • quejas que te envenenan,

  • comparaciones que te apagan,

  • palabras hirientes que no arreglan nada.

El ayuno de Cuaresma es decir:
“yo no soy esclavo de lo que me tira por dentro”.

Y si quieres un ayuno potente:
ayuna de vivir en automático.


La limosna: no es “dar algo”, es volverte humano

Limosna no es “soltar monedas”.
Es romper el cerrojo del yo.

En la Capilla se aprende algo claro:
si te encuentras con Jesús, sales más sensible, más despierto, más hermano.

Limosna hoy puede ser:

  • mirar a alguien a los ojos,

  • escuchar sin móvil,

  • llamar al que está solo,

  • compartir tiempo,

  • colaborar con algo concreto,

  • perdonar una deuda emocional.

El profeta lo dijo sin rodeos:
el ayuno que Dios quiere es partir tu pan y abrir tu casa (cf. Is 58,6-7).


La oración: no es “cumplir”, es dejarte mirar

Aquí en la Capilla pasa lo más loco:
Jesús te mira y no te exige un personaje.

No te pide que seas perfecto.
Te pide que seas real.

“Cuando ores, entra en tu cuarto…” (cf. Mt 6,6).
Traducido a hoy:
apaga el ruido y enciende el corazón.

Orar no es hablar mucho.
A veces es solo decir:

  • “Aquí estoy”.

  • “Me duele”.

  • “No puedo más”.

  • “Gracias”.

  • “Ayúdame”.

Y quedarte.

En esta Capilla no vienes a impresionar a nadie.
Vienes a dejarte salvar.


¿Qué tiene de diferente esta Cuaresma en la Capilla?

Que aquí no haces Cuaresma “a solas”.
La haces con Alguien.

Jesús no es una idea.
Está aquí.
Eucaristía.
Presencia.
Fidelidad.

Aquí Cuaresma se vuelve simple y fuerte:

  • Menos ruido. Más verdad.

  • Menos ego. Más amor.

  • Menos prisa. Más sentido.

  • Menos apariencia. Más Evangelio.

Jesús se fue al desierto… pero no para sufrir.
Para elegir bien. Para amar mejor (cf. Mt 4,1-11).


Una propuesta “juvenil y real” para vivirla aquí

Te lanzo un reto de Capilla para Cuaresma:

  1. Ven una vez por semana (aunque sean 20 minutos).

  2. Trae una intención concreta: alguien por quien rezar.

  3. Elige un ayuno que te libere (no postureo).

  4. Haz una limosna con nombre y apellido (una persona, una causa, un gesto real).

  5. Confiesa y suelta peso antes de Pascua (no arrastres lo que te hunde).

Esto cambia la vida. Sin espectáculo.


 Llamada final 

 A ti que me lees y has llegado hasta aquí.

Si tienes cansancios, ven.
Si por dentro todo está roto en ti, ven.
Si estás a oscuras y no ves claro, ven.
Si estás lejos, ven.
Si estás buscando, ven.

No porque aquí seamos mejores…
sino porque aquí Él se queda.

Esta Cuaresma no la vivas desde la culpa.
Vívela desde la oportunidad.

Empieza el camino.
Empieza la esperanza.
Empieza el regreso.

Y aquí, en esta Capilla,
Jesús te espera…
y también te necesita.

Amén.


1 comentario:

  1. Gracias infinitas Don Julio, me ha hecho llorar de alegría, de amor y de absoluta confianza en mi Salvador. Que Dios le bendiga

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Gracias por tu comentario.
Un saludo.
Julio Roldán