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martes, 3 de febrero de 2026

Tienes una carta de San Blas...

  


    Carta de San Blas

 

    Queridos amigos, hermanos y peregrinos que hoy, tres de febrero, han entrado en esta ermita —hoy Capilla de Adoración—:

    Les escribo como pastor y como testigo. No como alguien “de museo”, sino como quien aprendió en la carne que la fe no es un adorno: es una roca cuando todo tiembla.

    Y por eso me conmueve verles aquí: porque en este lugar no vienen solo a recordarme a mí… vienen a encontrarse con Jesús vivo, el mismo que hoy se les entrega en la Eucaristía y se queda después, humilde y silencioso, para que lo adoren.



1) Una frase que sostiene cuando falta el aire


Hoy han escuchado en la primera lectura:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” 

Esa pregunta no es teoría. Cuando llega la presión, la incomprensión, la amenaza, o simplemente el desgaste de la vida, el corazón se llena de voces: “no vas a poder”, “estás solo”, “te van a señalar”, “ya no hay salida”…

Y entonces la Palabra responde con una firmeza que cura por dentro:

  • Dios no escatimó a su propio Hijo, lo entregó por nosotros. 
  • Cristo murió, resucitó, está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. 
  • Y nada podrá separarnos de su amor: ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni peligro, ni espada. 

¿Lo ves? La Eucaristía es precisamente eso: el Hijo entregado. Cada Misa hace presente ese amor que no se echa atrás. Y cuando comulgas, no recibes “una idea”: recibes una Presencia que te sostiene desde dentro.

Si has venido hoy con la garganta apretada por preocupaciones, te lo digo como hermano: Dios no te está acusando; Dios te está defendiendo. Y el lugar donde más se nota esa defensa es aquí: en el altar y en el Sagrario.




    2) “El Señor me libró de todas mis ansias” — y aquí se aprende cómo


    El salmo les pone en la boca una respuesta que es medicina:
El Señor me libró de todas mis ansias.” 

    Y fíjate qué camino propone (tan sencillo que parece poca cosa… hasta que lo pruebas):

  • Bendigo al Señor en todo momento… su alabanza está siempre en mi boca.” 
  • “Yo consulté al Señor, y me respondió.” 
  • “Contempladlo, y quedaréis radiantes.” 
  • “Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.” 
  • “Gustad y ved qué bueno es el Señor.” 
    ¿Entienden por qué esto suena tan eucarístico?
Porque en la Misa contemplas… y en la comunión gustas. Y cuando termina la celebración, la adoración prolonga lo que has vivido: seguir contemplándolo, sin prisa, hasta que el corazón se ordena.

    Muchos vienen aquí sin fuerzas para grandes discursos. No pasa nada. A veces la oración más verdadera es:
Señor, mírame… porque yo ya no sé ni mirarme bien.



    3) El Evangelio me retrata y también a ti...


    En el Evangelio Jesús te ha dicho:

Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.” 

    Yo no busqué la muerte. Busqué ser fiel. Y descubrí esto: hay muertes pequeñas que salvan la vida grande.

    Pero hoy, en una Capilla de Adoración, esa palabra tiene además un brillo especial: el trigo que cae, se muele, se amasa… termina siendo pan. Y el Pan eucarístico es el modo más humilde y más poderoso que eligió Dios para quedarse contigo.

    Por eso Jesús sigue:

  • El que se ama a sí mismo se pierde…” 
  • “El que quiera servirme, que me siga…” 
  • “Donde esté yo, allí también estará mi servidor.” 

    Cómo se traduce todo ello para hoy:
si vives agarrado al control, a la imagen, a quedar bien, a no complicarte… te vas vaciando por dentro.
Pero si te entregas —aunque cueste— empiezas a dar fruto: paz, valentía, verdad, caridad.

    Y la Eucaristía es la escuela de esa entrega: Cristo no se guarda; se da. Y al comulgar, te enseña su forma de vivir.



    4) Lo que yo te diría delante del Sagrario


    Te deseo que hoy no marches igual que entraste.

    1) Pon nombre a tu “ansia”.
La que sea: miedo, culpa, soledad, problemas familiares, cansancio espiritual. Y dísela al Señor, tal cual.

    2) Deja que Él te mire.
La adoración no es “hacer cosas”. Es estar con Alguien que te conoce y no te rechaza.

    3) Vive la Misa como encuentro, no como trámite.
Cuando veas el Pan, piensa: “Esto es amor entregado por mí”. 
Cuando comulgues, piensa: “Nada me separará de tu amor”. 

    4) Elige tu grano de trigo concreto.
Una renuncia pequeña y real que abra un fruto: reconciliarte, retomar la oración, confesar, cortar con lo que te esclaviza, servir a alguien, volver a empezar.

    5) Si has sentido una llamada, únete.
Esta Capilla vive de corazones que se turnan para acompañar al Señor. Si hoy te ha tocado por dentro, quizá no sea casualidad: quizá Jesús te esté diciendo, muy bajito:
Quédate conmigo.”



    Les bendigo con cariño de pastor y de amigo. Y les dejo mi deseo más simple: que aquí, ante Jesús Eucaristía, su garganta recupere la voz… y su vida recupere el rumbo.

Con afecto,
San Blas

sábado, 24 de enero de 2026

San Blas: garganta sanadora para palabras de vida

 



    Hay santos que el pueblo nunca olvida.

    Y no es por nostalgia, sino porque siguen hablando hoy.

    El próximo 3 de febrero celebramos a San Blas, patrono de esta ermita y protector de la garganta. Pero San Blas es solo un santo “milagroso”. Es en su tiempo obispo, mártir y testigo fiel de Cristo hasta el final. Un hombre que, en tiempos de persecución, elige permanecer unido al Señor, incluso cuando eso le cuesta la vida.

    Por eso,  tú y yo, podemos llamarlo, con toda verdad, un santo eucarístico.
Porque la Eucaristía forma corazones firmes, palabras limpias y vidas entregadas.

    Venimos de un Año Jubilar ya clausurado, pero la esperanza no se archiva. Al contrario: se pone en camino. En un mundo herido por la violencia, la injusticia y la falta de paz necesitamos más que nunca palabras sanas, nacidas de corazones sanados y de una garganta bendecida para decir verdad, consuelo y bien.

    San Blas te recuerda algo muy actual:

-lo que dices puede herir o sanar,

-dividir o reconciliar,

-apagar la esperanza o encenderla.

    Este año, además, miramos con ilusión al próximo viaje del Papa a Canarias, signo de cercanía, de escucha y de llamada a cuidar la dignidad de cada persona. La Iglesia camina, acompaña y ora… y lo hace desde la Eucaristía.

    Por eso, en esta fiesta, queremos invitarte a dar un paso más:
a unirte a la familia eucarística de la Capilla de Adoración en la Ermita de San Blas, donde Jesús permanece expuesto muchas horas cada día, esperando corazones disponibles.

    No hace falta saber rezar “mucho”.
    Hace falta querer estar.

    San Blas intercede.
    La Eucaristía transforma.
    Y tú puedes formar parte de esta historia viva.

¿Dónde? Capilla de Adoración – Ermita de San Blas
Los horarios de apertura (desde 7 mañana a 8 tarde) y Eucaristías del día 3 de febrero están disponibles en el cartel de esta jornada. Por la mañana, las celebraciones, cada dos horas, en la ermita hasta la una del mediodía incluida. Por la tarde, desde las cuatro hasta las ocho, ambas inclusive en la iglesia de Santo Domingo. Fíjate bien en el cartel porque ahí tienes toda la información. 

Si lo deseas, puedes difundir esta invitación juntamente con el cartel. Gracias. Nos vemos el próximo martes 3 de febrero, San Blas, será una alegría saludarnos y compartir juntos esta fecha entrañable. 

Ven. Adora. Deja que Dios sane tu voz… y tu vida.


lunes, 5 de enero de 2026

¡Mensaje de los Reyes Magos para ti!

 


Mensaje de Melchor

 

    Hola. Soy Melchor.


    Vengo de lejos… pero, si te soy sincero, lo más largo no fue el camino: fue aprender a mirar.

    En el portal no encontramos un trono, sino un Niño. No hallamos seguridad, sino pobreza. Y, sin embargo, allí estaba lo más grande: un Dios que no se impone, se ofrece. Un Dios que no grita, susurra. Un Dios que no aplasta, se deja cargar.

    A ti, niño o niña:
cuando te digan que para valer hay que ganar siempre, recuerda: el Niño de Belén no “ganó” nada… y lo cambió todo. Si puedes, hoy regala algo sencillo: una sonrisa, un perdón, un “¿jugamos?”, un abrazo a quien se quedó fuera.

    A ti, adulto:
si estás cansado de las noticias, de la prisa, del cinismo, te entiendo. Pero no te resignes. El mundo no se arregla solo con discursos: se empieza arreglando con una decisión pequeña y concreta. Esta: no pasar de largo ante quien sufre.

    A creyentes y a quienes no lo son:
si no puedes decir “Dios”, di al menos “dignidad”. Si no puedes rezar, protege. Si no sabes cómo creer, haz el bien. Porque esa estrella que seguimos no era una teoría: era una llamada a caminar hacia lo humano.

    Mi regalo, el oro, hoy te lo traduzco así:
tu valor no se vende, y el valor del otro tampoco.
Sé inconformista, sí. Pero de los que construyen: de los que hacen el mundo más habitable empezando por su casa, su trabajo, su calle. 




Mensaje de Gaspar

 

    Soy Gaspar. 

    Me miras y quizá piensas: “Un cuento bonito”. Y lo entiendo. También yo dudé muchas veces. Pero pasó algo: en Belén, el corazón se me volvió más verdadero.

    Yo llevaba incienso, perfume para lo sagrado. Y descubrí que lo verdaderamente sagrado no era el humo que sube, sino la vida que se cuida. Lo sagrado es una madre que protege, un padre que busca pan, un niño que ríe, un anciano que no se rinde, un enfermo que espera compañía.

    A los niños:
no te dejes robar la capacidad de asombrarte. Cuando ves injusticias y te indignas, eso es un tesoro. No lo conviertas en rabia que rompe, conviértelo en valentía que ayuda: comparte, defiende al que molestan, pide perdón rápido, di la verdad.

    A los adultos:
hay gente que se ríe de la esperanza. La llaman ingenuidad. Pero yo te digo: lo ingenuo no es esperar; lo ingenuo es creer que la indiferencia nos salvará.
    Si quieres un mundo más justo, empieza por una costumbre: escuchar de verdad. Escuchar sin pantalla, sin prisa, sin ironía.

    A creyentes y no creyentes:
si el incienso te suena a iglesia, quédate con esto: hay cosas que merecen respeto como si fueran sagradas: la infancia, la paz, el planeta, el pan, el trabajo digno, el derecho a vivir sin miedo.

    Mi regalo hoy se convierte en una petición:
no vivas de rodillas ante el dinero, ni ante el “siempre se ha hecho así”.
Vive de pie, con ternura y con coraje.




Mensaje de Baltasar

 

    Soy Baltasar. 

    Yo traía mirra, y sé que suena raro: es un perfume amargo, usado para heridas y para despedidas. ¿Por qué llevar eso a un Niño? Porque, al mirarlo, comprendimos algo fuerte: este Niño venía a tocar nuestras heridas, y a cargar también con las del mundo.

    A ti, niño o niña:
si alguna vez te sientes diferente, pequeño, fuera de lugar… recuerda que el primer hogar de Jesús fue un lugar simple. Y que en esa casa hubo sitio para pastores, para extranjeros, para gente rara como nosotros. Tú también tienes sitio. Y tu misión es sencilla: no dejes a nadie sin sitio.

    A ti, adulto inconformista:
tu cansancio es real. Tus ganas de justicia también. Pero ojo: no te conviertas en lo que criticas. No te acostumbres a despreciar, a etiquetar, a deshumanizar al que piensa distinto. La justicia sin compasión se vuelve dura. Y la compasión sin justicia se vuelve blanda. Las dos juntas cambian el mundo.

    A creyentes y no creyentes:
no hace falta estar de acuerdo en todo para caminar hacia lo humano. Podemos unirnos por algo básico: que ninguna persona sea tratada como cosa, que ningún niño crezca sin oportunidades, que la Tierra no sea un vertedero, que la paz no sea un slogan.

    Mi regalo, la mirra, hoy significa esto:
cuida las heridas (las tuyas y las ajenas) y no las tapes con ruido.
    Y haz una cosa concreta esta semana: elige una causa pequeña pero real—una persona sola, un gesto ecológico, una ayuda silenciosa, una reconciliación pendiente—y sosténla con fidelidad.

    Porque la estrella no era un adorno del cielo:
era una invitación a convertir la vida en camino.                                                Y el camino, en casa para todos.

jueves, 1 de enero de 2026

Palabras de Jesús en el Nuevo Año

 


“No tengas miedo al tiempo que se va: yo estaba en cada día, también en los que no entendiste. No me impresionan tus listas de pecados ni tus fallos; me importa tu corazón. Yo no te cuento por éxitos: te llamo por tu nombre.


Mira el año con verdad, pero sin crueldad. Gracias por lo bueno que diste, aunque nadie lo viera. Y por lo que no pudiste: entrégamelo, no lo cargues solo. No te condenes por lo que quedó a medias: un comienzo pequeño es mío.


En estos días de Navidad, mírame pequeño: un Niño. No vine a aplastarte con exigencias, sino a salvarte desde la cercanía. Y por eso quise que mi primera casa fuera el corazón de una madre.


Mira a María, Madre mía y tuya: ella no lo entendió todo, pero lo guardaba y lo meditaba. No tenía el calendario controlado, pero tenía fe. Si el año te deja preguntas, déjalas también en sus manos. Ella sabe acompañar procesos, silencios, esperas. Ella te enseña a comenzar sin ruido, a confiar sin tenerlo todo atado.


Si te pesa el pasado, ven. Si te asusta el futuro, ven. Si estás cansado, ven: “Vengan a mí los que estáis cansados y agobiados”. Yo no te empujo; te sostengo. Te pido una cosa sencilla: que me abras una rendija y me dejes entrar ahí donde no llegas.


Para este año 2026, recién estrenado, no te prometo una vida sin cruces; te prometo mi presencia. Y una pregunta: ¿a quién quieres amar mejor? Empieza por lo concreto: una llamada, un perdón, un gesto, un tiempo para orar, un paso de reconciliación.


Y cuando hoy 1 de enero celebres a María Madre mía y tuya, escucha también su “sí” como si fuera para ti: el Dios puede nacer en tu vida tal como está, con tus límites y tu barro. Esta noche, con el sonido de las campanas, pídeme luz. Yo soy tu luz. Y si caes, no te alejes: vuelve. Yo sigo aquí contigo en este nuevo año.”


jueves, 25 de diciembre de 2025

Felicitación navideña - Diálogo eucarístico con Jesús

 

 

Diálogo eucarístico (felicitación navideña)

 

Jesús Niño se dirige a ti y te dice:

 

"PARA Ti

Vengo en SILENCIO. 

Vengo pequeño. 

Vengo FRÁGIL. 

Me hago Niño. 

Me hago PAN.

Entro en tu historia respetando tu LIBERTAD. 

Me quedo aquí, en la EUCARISTÍA, en silencio, esperándote.

Para un momento. MÍRAME. 

Déjate AMAR.

La Navidad es dejarme estar CONTIGO 

y permitir que tu vida se vuelva REGALO.

ADÓRAME en silencio. 

Y lleva al MUNDO lo que aquí recibes. 

Estoy CONTIGO."

 

Y tú le respondes con esta oración:

 

"Señor Jesús, aquí estoy.
No traigo defensas ni razones,
solo mi verdad tal como es.

Me dejo mirar por Ti
como Tú te dejas mirar en el Pan.
Me dejo amar
en este silencio que no exige nada
y lo dice todo.

Ante tu pequeñez,
mi orgullo se desarma.
Ante tu fragilidad,
mi dureza se quiebra.
Ante tu silencio,
aprendo a escuchar.

Tú te haces Niño
y yo quiero hacerme pobre.
Tú te haces Pan
y yo quiero aprender a partirme.
Tú respetas mi libertad
y yo hoy la pongo en tus manos.

Quédate, Señor,
en mi noche y en mi día.
Quédate cuando no sé rezar,
cuando no siento,
cuando no entiendo.

Haz de mi vida un pesebre sencillo
donde Tú puedas descansar.
Haz de mi corazón una custodia viva
que te lleve al mundo
sin ruido,
sin imponer,
solo amando.

Te adoro en silencio.
Te recibo como don.
Y te pido la gracia
de no guardarme lo que aquí recibo,
sino dejar que Tú sigas naciendo
en cada hermano.

Amén".


lunes, 22 de diciembre de 2025

Homilía Misa de la Luz - Lunes 22 diciembre 2025 - 6 mañana - Parroquia Santo Domingo

 







 Inicio
 Pensar en que hoy alguien aquí entre nosotros viene a misa para pedir que le toque el premio gordo de la Lotería, nos haría sonreir…
Sin embargo, estas misas de la luz son como una lámpara en la mano que te dicen: “No esperes solo un golpe de suerte: deja que Dios te regale lo que de verdad cambia la vida.”

 “Cuando el mejor premio se comparte”
 Hay un lema de estas fechas de sorteos que dice: “cuando el mejor premio se comparte”. Pues bien, hoy ponemos nombre a este dicho, cuando el mejor premio se comparte.

 La historia de Ana
 El primer nombre es Ana, cuando el mejor premio se comparte. Hemos escuchado su preciosa historia en la primera lectura.
 Ana recibe a Samuel como don de Dios y los entrega al Señor, no se lo queda como propiedad o algo suyo sino que lo convierte en ofrenda.
Aquí tenemos ya una primera idea en esta misa de la luz: la luz no se enciende para mirarla, sino para ponerla al servicio.
 Fíjate que hoy te encontrarás con gente que sueña con que le toque “el Gordo”. Sin embargo, Ana, madre de Samuel, nos enseña otro camino: el gran regalo se vuelve grande cuando se entrega.

 María, la “otra lotería de Dios”
 El segundo nombre que nos recuerda que el mejor premio se comparte es María. Nos muestra ella que la lotería de Dios tiene otro criterio. 
 Hoy en el Evangelio, escuchamos el Magnificat. María canta algo muy importante: Dios mira la humildad, derriba a los poderosos, levanta a los pequeños, llena de bienes a los hambrientos.
 Fíjate: esta es la “suerte” del Reino. No va de azar, va de misericordia. No premia al que acapara, sino al que confía y al que comparte.

 ¿Y tú, qué puedes hacer?
 Si hoy muchos miran un número con esperanza, nosotros miramos una luz con esperanza.
 Te propongo vivirlo así.
 ¿Te imaginas poder ayudar en estos días con un gesto concreto con Haití? Con tu ayuda, gracias a ti, mejoraremos la ganadería y agricultura. Es decir, alimentar a una población de dos millones de personas que muere de hambre, especialmente niños y adultos, para que puedan comer carne, beber su taza de leche, comer verdura…Mejorar atención sanitaria con clínicas móviles… 
 Para ello, está la colecta de cada eucaristía y también algo más práctico, un Bizum con el número 38068, te repito 38068. El número del gordo es éste 38068, el mejor premio se comparte. 
 La alegría de compartir es contagiosa, no te la da nada ni nadie. Es la alegría de saber que Cristo nace en medio de los niños que pasan hambre…Y recuerda aquellas palabras de Jesús: “cuanto hiciste con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hiciste”.

 Conclusión
Hoy hemos madrugado para venir a esta misa de la luz, y con ello viene en el mismo Pack la alegría de sentir al Señor ya cerca como Luz que alumbra y da calor…Celebrar la eucaristía es lo mejor que nos puede pasar, el momento más importante es por supuesto el domingo, ayer comenzábamos esta cuarta semana de adviento recién estrenada. 
 En esta Eucaristía participamos un grupo numeroso de la Capilla de Adoración, nos sentimos afortunados adorando al Señor, Él es nuestro gran tesoro, el gran premio.
 Por cierto, si hoy a alguien le toca algún premio que no sea solo su premio, sino una oportunidad para hacer el bien. Recordarte que aunque no toque nada, siempre puedes repartir: tiempo, paciencia, comprensión, misericordia, paz, cercanía, esperanza…
    Te invito a que tomes tu propia vela encendida, y di conmigo, juntos: 
     “Hazme tu premio para los demás: 
    que donde falte alegría, yo la acerque; 
    donde falte pan, yo comparta; 
    donde falte esperanza, yo encienda una llama. 
    El mejor premio se comparte”.




domingo, 21 de diciembre de 2025

Oración cuarta semana de Adviento


 

 

En este cuarto domingo de Adviento,

cuando la Navidad se acerca y aquí dentro el tiempo se vive distinto,
ven a visitarnos como Emmanuel, Dios-con-nosotros.

Entra en las vidas donde hay miedo,
en los lugares donde se reza en silencio,
allí donde el cansancio pesa,
en las noches donde la mente no descansa
y el corazón se llena de preguntas.


Purifica nuestras manos,
para que sean manos que cuidan y no exigen,
que acarician y no aprietan,
que ayudan y no juzgan.

Purifica nuestro corazón,
para que no se endurezca por el dolor,
para que no se encierre por la angustia,
para que no se rinda por el cansancio.

Danos la fe de José:
la fe que no hace ruido,
la fe que no entiende todo,
pero se levanta y hace el bien,
la fe que protege la vida frágil,
la fe que acompaña sin escapar.

Bendice, Señor, a los enfermos:
dales consuelo, alivio, fortaleza y paz.
Bendice a sus familias:
que encuentren palabras, paciencia y esperanza.
Bendice al personal sanitario:
que no pierda la humanidad,
que tenga descanso, lucidez y ánimo.
Bendice a quienes están solos:
que sientan una presencia, una llamada, una mano amiga.

Y si hoy no entendemos,
si hoy no podemos más,
si hoy solo nos sale llorar o callar…
quédate igualmente.
Porque tu mejor “señal”
no es que todo sea fácil,
sino que Tú no te vas.

Señor, ¿qué parte de mí sigue resistiéndose a confiar?
¿Qué “sí” pequeño me estás pidiendo hoy:
aceptar ayuda, perdonar, agradecer, pedir perdón, descansar, orar?

Aquí estamos.
Haz nacer tu vida en medio de la nuestra,
y danos una esperanza que no sea ingenua,
sino fuerte:
la esperanza de saber que, pase lo que pase,
Tú estás con nosotros.

Amén.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Oración en el domingo de la alegría ( Tercero de Adviento)


 

Señor mío, mi Dios:

Aquí estoy. Tú sabes mis desiertos, mis cansancios, mis miedos, mis preguntas. Tú sabes que a veces me cuesta creer que ya estás cerca.

Perdóname cuando te busco solo en lo grande y no te reconozco en lo pequeño.
Perdóname cuando quiero que vengas rápido, fuerte, espectacular,
y me impaciento con tu modo humilde de llegar,
como semilla, como brisa, como pan, como cuidado silencioso.

Hoy te repito la pregunta de Juan, pero ya no como desafío, sino como súplica:
¿Eres tú, Señor?
Y mientras lo pregunto, algo en mí empieza a responder…
porque me doy cuenta de que sí:
has estado en esa fuerza inesperada,
en esa paz que llegó sin avisar,
en esa persona que me sostuvo,
en esa luz pequeña que no se apagó.

Señor, dame ojos para ver tus señales.
Que no se me escape tu paso por mi vida.
Abre mis oídos para escuchar tu Palabra cuando todo dentro hace ruido.
Endereza mis rodillas vacilantes.
Sostén mis manos caídas.
Y si el miedo vuelve —porque vuelve— recuérdame tu promesa:
“No temas: yo estoy contigo.”

Enséñame tu paciencia, la del sembrador.
Yo quiero fruto inmediato, pero tú me enseñas a cuidar el proceso.
Dame un corazón que riegue el bien sin cansarse,
que no se seque en la queja,
que no se endurezca en el juicio,
que no se vuelva frío por protección.

Hazme vivir este Gaudete como tú lo sueñas:
no con una alegría de escaparate,
sino con una alegría con raíces,
la alegría de saber que, aunque falte, tú ya vienes,
y aunque duela, tú ya estás.

Y sí, Señor: acepto lo que me pides.
Quiero ser señal tuya esta semana.
Hazme cercano al que está triste,
paciente con el que se equivoca,
tierno con el frágil,
valiente para pedir perdón y para perdonar.
Que mi presencia no pese, que alivie.
Que mi palabra no hiera, que cure.
Que mis manos no se cierren, que se abran.

Cuando me visite la duda, no me sueltes.
Cuando me falte la alegría, enciéndela tú.
Cuando mi corazón se apague, sopla tú tu Espíritu.

Ven, Señor Jesús.
Y mientras vienes, quédate.
Haz florecer mi desierto.
Haz de mi vida un camino donde otros puedan volver a creer.

Amén.
 
 

Visita pastoral del Obispo a la Parroquia de Santo Domingo

 El miércoles 10 de diciembre de 5 a 8 de la tarde tuvo lugar en la parroquia de Santo Domingo, la visita pastoral del Obispo. Recordar que la Capilla de Adoración pertenece a dicha parroquia.

Una buena representación, todos los que quisieron, se acercaron a este encuentro con todos los grupos parroquiales. Un buen ambiente fraterno y de comunión eclesial fue la nota distintiva de este espacio.

Como responsable de la Capilla fui quien le presenté lo que hicimos. Pero para hacerlo de modo atractivo, gracias a la participación de quienes dieron su testimonio. Gracias a Amada, adoradora, de la parroquia de Santo Domingo; Carmen, de la Parroquia de Casablanca, del arciprestazgo de Vegueta; Pepa, de Tenteniguada y finalmente, Juan Carlos, adorador y miembro de Cursillos de Cristiandad. Con todo ello quedó patente que la influencia de la Capilla va más allá de la parroquia, del arciprestazgo, llega a otros lugares de la Isla de Gran Canaria y también a los movimientos. Yo mismo se lo definía a nuestro Pastor con la metáfora de un mosaico de diferentes colores en el que se mezclan distintas espiritualidades, viviendo el deseo de Jesús "que todos sean uno" y saboreando su presencia, quien nos aseguró que "estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo".

La eucaristía puso el broche de oro a este encuentro pastoral de comunión eclesial con nuestro Pastor.

En las imágenes, de la Diócesis de Canarias, se pueden observar distintos momentos de esta visita. 

 




















 

sábado, 13 de diciembre de 2025

¡Buena participación en el Retiro de Adviento!

 

En la mañana del sábado 13 de diciembre hemos celebrado con treinta personas el Retiro de Adviento. Felicidades a todos los participantes, a quienes el viento y la lluvia del temporal no les echó atrás en su decisión de acudir a este Retiro.

En circunstancias adversas climatológicas ya tengo la seguridad que habrá al menos treinta, yo calculaba como mínimo diez, pero el Señor ¡lo multiplicó por tres! Lo importante es descubrir que lo ofrecido siempre es bueno y merece la pena, así que tomaron muy buena decisión quienes gozaron este tiempo de reflexión.

 Dejo aquí algunas impresiones de quienes se acercaron a la Capilla de Adoración en este sábado 13 de diciembre: 

Me  fue muy bien, lo necesitaba. Un momento especial de reflexión que me quitó muchos miedos.” Consuelo.

Cuando Dios llama, no hay tormenta que lo silencie.” Marta.

Este retiro de adviento me recordó que el tiempo de Dios es siempre de esperanza y de fe. Pude sentir que todos esperamos la venida de esa esperanza de amor, para recordar que no estamos solos.” Amy.

Gracias por la invitación a caminar por el sendero  hacia Belén.

Dos horas de oración, contemplación, compañía y acercamiento a  Jesús. 
Ese Dios tan grande y tan pequeño que nos permite mantener la esperanza en el Amor.
Quien no espera en los momentos oscuros de la vida, se desespera con facilidad y vive en el miedo.
Hoy sentí una vez más la cercanía del Señor porque así nos lo prometió. 
Cada día un paso, un encuentro y la paciencia hace el milagro.

No espero por el mañana, necesito y quiero el encuentro cada ahora.
No tengo miedo cuando camino con Dios.
” Valeria

Creo que este año me ha marcado más que otros por distintos motivos. Sin duda, me ha ayudado este retiro de adviento como tiempo de espera en el Señor.” Paco. 
 
El próximo retiro será en Cuaresma, el sábado 21 de febrero, de 11 de la mañana a 1 del mediodía. ¿Lo apuntas? Con lluvia o sin ella, allí estaremos.





lunes, 8 de diciembre de 2025

Oración a María Inmaculada

                                             


Oración a María Inmaculada 

María Inmaculada,
llena de gracia y amada desde antes de la creación del mundo (Ef 1,4),
hoy te miramos como Madre, como hermana en la fe,
como signo vivo de lo que Dios sueña para cada uno de nosotros.

Tú eres la mujer en quien el mal no tiene entrada,
la enemiga de la serpiente (Gn 3,15),
la tierra limpia donde el Padre hace germinar a Jesús,
el Fruto bendito de tu vientre (Lc 1,42).
Cuando Adán y Eva se esconden por miedo y vergüenza (Gn 3,9-10),
tú te presentas ante Dios sencilla, disponible, confiando.
Enséñanos a no huir de Dios,
a no escondernos más tras excusas, pecados o heridas.

“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,28):
así te saluda el ángel,
y esa misma palabra hoy nos la dirige a nosotros.
María, ayúdanos a creer que la gracia es más fuerte que el pecado,
que Dios puede hacer cosas nuevas en nuestra historia
aunque nos sintamos pobres, cansados o rotos.

En este tiempo de Adviento,
tú que esperas a Jesús con un corazón vigilante,
enséñanos a esperar.
Que nuestra esperanza no sea un deseo vago,
sino una confianza firme en que Dios está actuando ahora,
en nuestra familia, en nuestra comunidad, en nuestra Iglesia.
Que no nos paralice el miedo,
porque también a nosotros Jesús nos dice: “No temas” ( Lc 1,30).

María Inmaculada,
en cada Eucaristía vemos cumplido tu “hágase” (Lc 1,38).
En el altar, el mismo Jesús que tú llevaste en tu seno
se nos entrega como Pan vivo, partido por amor.
Tú que lo acoges en tu corazón y en tu cuerpo,
enséñanos a acogerlo con fe cuando lo recibimos.
Que cada comunión nos vaya limpiando por dentro,
sanando nuestras hebras de egoísmo,
rompiendo cadenas de pecado y resignación.

Madre, intercede por nosotros:
que vivamos esta solemnidad de tu Inmaculada Concepción
como una llamada a empezar de nuevo,
a creer que estamos “destinados a ser santos e irreprochables por el amor” (Ef 1,4).
Que nuestra Capilla de Adoración
sea un lugar donde se note que la gracia tiene la última palabra.

Tú que dices “Aquí está la esclava del Señor” (Lc 1,38),
ayúdanos a decir hoy nuestro propio “aquí estoy”:
en el trabajo, en la vida de familia,
en la lucha por la justicia,
en el servicio a los que sufren,
en la vida de la Iglesia.

María Inmaculada,
Madre de la esperanza,
mientras caminamos hacia la Navidad,
míranos, acompáñanos, cuídanos.
Que, con tu mano sobre nuestra vida,
aprendamos a vivir de la gracia y no del miedo,
del Evangelio y no de las sombras,
de la Eucaristía y no de nuestras fuerzas.

Así podremos cantar, con todo el corazón,
como la liturgia de hoy:
“Canten al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas” (Sal 98).

Amén.