Señor mío, mi Dios:
Aquí estoy. Tú sabes mis desiertos, mis cansancios, mis miedos, mis preguntas. Tú sabes que a veces me cuesta creer que ya estás cerca.
Perdóname cuando te busco solo en lo grande y no te reconozco en lo pequeño.
Perdóname cuando quiero que vengas rápido, fuerte, espectacular,
y me impaciento con tu modo humilde de llegar,
como semilla, como brisa, como pan, como cuidado silencioso.
Hoy te repito la pregunta de Juan, pero ya no como desafío, sino como súplica:
¿Eres tú, Señor?
Y mientras lo pregunto, algo en mí empieza a responder…
porque me doy cuenta de que sí:
has estado en esa fuerza inesperada,
en esa paz que llegó sin avisar,
en esa persona que me sostuvo,
en esa luz pequeña que no se apagó.
Señor, dame ojos para ver tus señales.
Que no se me escape tu paso por mi vida.
Abre mis oídos para escuchar tu Palabra cuando todo dentro hace ruido.
Endereza mis rodillas vacilantes.
Sostén mis manos caídas.
Y si el miedo vuelve —porque vuelve— recuérdame tu promesa:
“No temas: yo estoy contigo.”
Enséñame tu paciencia, la del sembrador.
Yo quiero fruto inmediato, pero tú me enseñas a cuidar el proceso.
Dame un corazón que riegue el bien sin cansarse,
que no se seque en la queja,
que no se endurezca en el juicio,
que no se vuelva frío por protección.
Hazme vivir este Gaudete como tú lo sueñas:
no con una alegría de escaparate,
sino con una alegría con raíces,
la alegría de saber que, aunque falte, tú ya vienes,
y aunque duela, tú ya estás.
Y sí, Señor: acepto lo que me pides.
Quiero ser señal tuya esta semana.
Hazme cercano al que está triste,
paciente con el que se equivoca,
tierno con el frágil,
valiente para pedir perdón y para perdonar.
Que mi presencia no pese, que alivie.
Que mi palabra no hiera, que cure.
Que mis manos no se cierren, que se abran.
Cuando me visite la duda, no me sueltes.
Cuando me falte la alegría, enciéndela tú.
Cuando mi corazón se apague, sopla tú tu Espíritu.
Ven, Señor Jesús.
Y mientras vienes, quédate.
Haz florecer mi desierto.
Haz de mi vida un camino donde otros puedan volver a creer.
Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.
Un saludo.
Julio Roldán