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lunes, 25 de mayo de 2026

¿Me enriquece o me empobrece?

 Preguntas que suscita este acontecimiento

Elegir enriquecimiento personal frente empobrecimiento interior

La visita del Papa y la misa en el Estadio de Gran Canaria no son solo un acto multitudinario. Son una ocasión para mirarme por dentro y preguntarme qué tipo de persona quiero ser: alguien que se abre a la gracia, a la comunión y a la esperanza, o alguien que se encierra en la comodidad, la desgana o el miedo.

1. ¿Qué puede enriquecerme este acontecimiento?

  • ¿Y si esta misa fuera una oportunidad única para renovar mi fe?

  • ¿Y si Dios quisiera decirme algo precisamente allí, en medio de su pueblo?

  • ¿Y si este encuentro me ayudara a salir de mi rutina espiritual?

  • ¿Y si ver a tanta gente reunida por la fe despertara en mí una esperanza que estaba dormida?

  • ¿Y si participar me hiciera sentir más unido a la Iglesia, a mi diócesis y a mi comunidad?

  • ¿Y si el esfuerzo de ir fuera precisamente lo que más valor diera a mi decisión?

  • ¿Y si esta tarde quedara grabada en mi memoria como uno de esos momentos que fortalecen el alma?


2. ¿Qué empobrecimiento puede producir en mí no ir?

  • ¿Me empobrece dejarme llevar solo por la comodidad?

  • ¿Me empobrece decir “no me apetece” ante algo que puede hacerme bien?

  • ¿Me empobrece dejar que otros decidan por mí?

  • ¿Me empobrece poner excusas antes de escuchar honestamente mi conciencia?

  • ¿Me empobrece perder una ocasión de fe por miedo a esperar, caminar o incomodarme?

  • ¿Me empobrece quedarme fuera de un acontecimiento que quizá no vuelva a repetirse?

  • ¿Me empobrece vivir la fe solo cuando no me exige nada?


3. Preguntas para mirar mis excusas con sinceridad

  • ¿Mi dificultad es real o es simplemente una resistencia interior?

  • ¿Estoy buscando motivos para no ir o razones para responder generosamente?

  • ¿Estoy exagerando los inconvenientes y minimizando el valor espiritual del encuentro?

  • ¿He hecho esfuerzos parecidos por cosas menos importantes?

  • ¿Por qué para otras actividades acepto esperas, incomodidades y desplazamientos, y para esto no?

  • ¿Estoy confundiendo prudencia con comodidad?

  • ¿Estoy dejando que el cansancio, la edad, la familia o el ambiente apaguen una llamada que quizá nace de Dios?


4. Preguntas sobre libertad y responsabilidad

  • ¿Estoy decidiendo libremente o me estoy dejando arrastrar por otros?

  • ¿Mi decisión nace de la fe o de la desgana?

  • ¿Estoy escuchando mi conciencia o solo mis miedos?

  • ¿Qué le diría yo a otra persona que está dudando por las mismas razones?

  • ¿Qué decisión me dejará más paz interior después?

  • ¿Qué elección me hará crecer más como cristiano?

  • ¿Estoy actuando como espectador de la Iglesia o como miembro vivo de ella?


5. Preguntas desde la fe

  • ¿Qué lugar ocupa el Papa en mi experiencia de Iglesia?

  • ¿Qué significa para mí reunirme en torno a la Eucaristía con miles de hermanos?

  • ¿Creo de verdad que Cristo se hace presente en la Misa?

  • ¿Estoy dispuesto a hacer un pequeño sacrificio por un gran bien espiritual?

  • ¿Puede ser esta misa una llamada del Señor a levantar la mirada?

  • ¿Qué me está pidiendo Dios en este momento concreto?

  • ¿Y si no se trata solo de “ir a ver al Papa”, sino de dejarme encontrar por Cristo?


Pregunta final

Dentro de unos años, cuando recuerde este acontecimiento, ¿qué me gustaría poder decir: “me alegré de haber ido” o “me arrepentí de haber dejado pasar la oportunidad”?

Porque hay decisiones que parecen pequeñas, pero por dentro nos agrandan.
Y hay excusas que parecen razonables, pero poco a poco nos empobrecen el alma.

 


 

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Julio Roldán