Preguntas que suscita este acontecimiento
Elegir enriquecimiento personal frente empobrecimiento interior
La visita del Papa y la misa en el Estadio de Gran Canaria no son solo un acto multitudinario. Son una ocasión para mirarme por dentro y preguntarme qué tipo de persona quiero ser: alguien que se abre a la gracia, a la comunión y a la esperanza, o alguien que se encierra en la comodidad, la desgana o el miedo.
1. ¿Qué puede enriquecerme este acontecimiento?
¿Y si esta misa fuera una oportunidad única para renovar mi fe?
¿Y si Dios quisiera decirme algo precisamente allí, en medio de su pueblo?
¿Y si este encuentro me ayudara a salir de mi rutina espiritual?
¿Y si ver a tanta gente reunida por la fe despertara en mí una esperanza que estaba dormida?
¿Y si participar me hiciera sentir más unido a la Iglesia, a mi diócesis y a mi comunidad?
¿Y si el esfuerzo de ir fuera precisamente lo que más valor diera a mi decisión?
¿Y si esta tarde quedara grabada en mi memoria como uno de esos momentos que fortalecen el alma?
2. ¿Qué empobrecimiento puede producir en mí no ir?
¿Me empobrece dejarme llevar solo por la comodidad?
¿Me empobrece decir “no me apetece” ante algo que puede hacerme bien?
¿Me empobrece dejar que otros decidan por mí?
¿Me empobrece poner excusas antes de escuchar honestamente mi conciencia?
¿Me empobrece perder una ocasión de fe por miedo a esperar, caminar o incomodarme?
¿Me empobrece quedarme fuera de un acontecimiento que quizá no vuelva a repetirse?
¿Me empobrece vivir la fe solo cuando no me exige nada?
3. Preguntas para mirar mis excusas con sinceridad
¿Mi dificultad es real o es simplemente una resistencia interior?
¿Estoy buscando motivos para no ir o razones para responder generosamente?
¿Estoy exagerando los inconvenientes y minimizando el valor espiritual del encuentro?
¿He hecho esfuerzos parecidos por cosas menos importantes?
¿Por qué para otras actividades acepto esperas, incomodidades y desplazamientos, y para esto no?
¿Estoy confundiendo prudencia con comodidad?
¿Estoy dejando que el cansancio, la edad, la familia o el ambiente apaguen una llamada que quizá nace de Dios?
4. Preguntas sobre libertad y responsabilidad
¿Estoy decidiendo libremente o me estoy dejando arrastrar por otros?
¿Mi decisión nace de la fe o de la desgana?
¿Estoy escuchando mi conciencia o solo mis miedos?
¿Qué le diría yo a otra persona que está dudando por las mismas razones?
¿Qué decisión me dejará más paz interior después?
¿Qué elección me hará crecer más como cristiano?
¿Estoy actuando como espectador de la Iglesia o como miembro vivo de ella?
5. Preguntas desde la fe
¿Qué lugar ocupa el Papa en mi experiencia de Iglesia?
¿Qué significa para mí reunirme en torno a la Eucaristía con miles de hermanos?
¿Creo de verdad que Cristo se hace presente en la Misa?
¿Estoy dispuesto a hacer un pequeño sacrificio por un gran bien espiritual?
¿Puede ser esta misa una llamada del Señor a levantar la mirada?
¿Qué me está pidiendo Dios en este momento concreto?
¿Y si no se trata solo de “ir a ver al Papa”, sino de dejarme encontrar por Cristo?
Pregunta final
Dentro de unos años, cuando recuerde este acontecimiento, ¿qué me gustaría poder decir: “me alegré de haber ido” o “me arrepentí de haber dejado pasar la oportunidad”?
Porque hay decisiones que parecen pequeñas, pero por dentro nos agrandan.
Y hay excusas que parecen razonables, pero poco a poco nos empobrecen el alma.

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Julio Roldán