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miércoles, 27 de mayo de 2026
Situaciones cotidianas donde esperamos horas y no nos parece grave
A veces decimos: “Es que para la Misa con el Papa habrá que esperar mucho”.
Llegamos dos o tres horas antes, pasamos controles, hacemos cola, esperamos el embarque, sufrimos retrasos…
A veces esperamos horas en una sala, con cansancio, nervios y poca comodidad.
Entre prepararse, desplazarse, ceremonia, fotos, comida y espera entre momentos, se van muchas horas.
Hay personas que llegan horas antes para coger buen sitio, hacer cola o vivir el ambiente.
Desplazamiento, entrada al estadio, controles, previa, partido, salida, tráfico… fácilmente son tres o cuatro horas.
Se camina, se espera, hace calor, hay gente, hay colas, hay cansancio.
A veces se espera mucho antes de que pase la imagen, se camina despacio, se está de pie largo rato.
Compras, cocina, preparación, desplazamientos, sobremesa larga, regreso tarde…
Banco, Seguridad Social, Hacienda, ayuntamiento, ITV, documentación…
Hay quien espera colas por entrar a una tienda, comprar entradas, conseguir una oferta o estrenar algo.
A veces hay que desplazarse, esperar horarios, aparcar lejos, subir, bajar, hacer turnos…
Esperas para salir, esperas al llegar, esperas maletas, esperas conexiones.
La cuestión no es si habrá que esperar.
Porque cuando algo nos interesa, la espera se justifica.
No digas “habrá que esperar mucho” como si eso lo explicara todo.
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Julio Roldán