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miércoles, 27 de mayo de 2026

Situaciones cotidianas donde esperamos horas y no nos parece grave


A veces decimos: “Es que para la Misa con el Papa habrá que esperar mucho”.
Pero, si somos sinceros, en la vida esperamos muchas horas cuando algo nos interesa, nos importa o creemos que merece la pena.

1. En un aeropuerto

Llegamos dos o tres horas antes, pasamos controles, hacemos cola, esperamos el embarque, sufrimos retrasos…
Y lo aceptamos porque queremos viajar.

Para viajar sí esperamos. Para una gracia de fe, también podemos esperar.


2. En una consulta médica o en urgencias

A veces esperamos horas en una sala, con cansancio, nervios y poca comodidad.
Lo hacemos porque la salud importa.

Si esperamos por cuidar el cuerpo, también podemos esperar por alimentar el alma.


3. En una boda o celebración familiar

Entre prepararse, desplazarse, ceremonia, fotos, comida y espera entre momentos, se van muchas horas.
Y no solemos decir: “No voy, porque será largo”.

Cuando queremos a alguien, el tiempo se regala.


4. En un concierto o espectáculo

Hay personas que llegan horas antes para coger buen sitio, hacer cola o vivir el ambiente.
Y hasta lo cuentan con ilusión.

Para un artista esperamos. Para Cristo y su Iglesia, ¿no vamos a esperar?


5. En un partido de fútbol

Desplazamiento, entrada al estadio, controles, previa, partido, salida, tráfico… fácilmente son tres o cuatro horas.
Y muchos lo viven como una fiesta.

Si un estadio se llena por un equipo, también puede llenarse por la fe.


6. En una romería o fiesta popular

Se camina, se espera, hace calor, hay gente, hay colas, hay cansancio.
Pero se vive como tradición, devoción y encuentro.

La fe también tiene derecho a convocarnos y movernos.


7. En una procesión

A veces se espera mucho antes de que pase la imagen, se camina despacio, se está de pie largo rato.
Y aun así se vive con emoción.

La espera, cuando hay amor, no pesa igual.


8. En una comida de Navidad o reunión familiar

Compras, cocina, preparación, desplazamientos, sobremesa larga, regreso tarde…
Nadie mide el tiempo con reloj cuando hay cariño.

Lo importante no se mide solo por comodidad.


9. En trámites administrativos

Banco, Seguridad Social, Hacienda, ayuntamiento, ITV, documentación…
A veces se pierden horas por una gestión necesaria.

Si esperamos por papeles, también podemos esperar por una celebración que puede renovar el corazón.


10. En rebajas, compras o estrenos

Hay quien espera colas por entrar a una tienda, comprar entradas, conseguir una oferta o estrenar algo.
Y lo considera parte de la experiencia.

Para conseguir cosas materiales esperamos; para recibir una gracia, también vale la pena.


11. En una visita a un familiar enfermo

A veces hay que desplazarse, esperar horarios, aparcar lejos, subir, bajar, hacer turnos…
Y se hace porque el amor lo pide.

La fe también nos pide gestos concretos de amor.


12. En un viaje en barco o guagua

Esperas para salir, esperas al llegar, esperas maletas, esperas conexiones.
Y lo asumimos porque queremos llegar a un destino.

La Misa con el Papa también es un camino hacia un encuentro.


Argumento directo

La cuestión no es si habrá que esperar.
La cuestión es qué valor le damos a aquello por lo que esperamos.

Porque cuando algo nos interesa, la espera se justifica.
Cuando algo nos importa, la espera se aguanta.
Cuando algo se ama, la espera se ofrece.

Frase final

No digas “habrá que esperar mucho” como si eso lo explicara todo.
Pregúntate mejor: “¿Merece Cristo unas horas de mi tarde?”

 


 

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Julio Roldán