Jesús
ve a Leví en su mesa de impuestos y le dice: “Sígueme”.
Lo
mira con una mirada que no encierra, sino que abre futuro.
Como
si le dijera: “No eres tu peor capítulo”.
Leví se levanta:
la conversión empieza con un paso.
Luego Jesús se sienta a la
mesa con gente señalada por todos.
Porque Dios no se asusta de
tus heridas: se acerca como médico.
La Cuaresma no es para “los
perfectos”, es para los que quieren curarse.
Hoy Jesús
también te ve “en tu mesa”: en tu rutina, en tu lío, en tu
cansancio.
Y te repite lo mismo: “Sígueme… ahora, como
estás”.
No esperes a estar impecable para empezar: empieza y
Él te irá cambiando.

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Julio Roldán