Jesús
entra en el desierto para enseñar a tu corazón a elegir bien.
El
tentador ofrece atajos: pan sin confianza, poder sin servicio, gloria
sin cruz.
Es como querer cosechar sin sembrar: parece rápido,
pero sale caro.
La primera tentación es vivir solo de “lo
inmediato”: lo que me apetece, lo que me calma ya.
Pero el
corazón no se alimenta solo de pan: necesita sentido, verdad,
amor.
La segunda tentación es controlar y dominar: “si mando,
estoy seguro”.
Pero la seguridad verdadera nace de confiar, no
de aplastar.
La tercera tentación es el aplauso: vivir de la
mirada ajena.
Jesús responde con la Palabra, como quien usa una
linterna en la noche. Hoy tu desierto puede ser una ansiedad, un
hábito, una herida… y Jesús entra contigo.

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Julio Roldán