jueves, 6 de enero de 2022

Mi Carta a los Reyes Magos

 


Recuerdo cuando en mi casa me dijeron que los Reyes Magos eran mis padres, me eché a llorar. Creo que de los compañeros de clase, fui de los últimos en saberlo. No sé la edad, quizá ocho o nueve años. La verdad es que mis padres me habían mantenido muy bien aquella ilusión infantil.

Sin embargo, hoy con 57 años, me siento niño. Todos llevamos uno dentro. Esta fecha del 6 de enero, día de Reyes, me llena de emociones y sentimientos variados. 

Vuelve a su infancia quien es capaz de soñar, vivir desde la gratuidad, aprender a valorar lo sencillo de cada día. Aprender a reír más, tener sentido del humor, pasar de los prejuicios humanos, crecer en libertad es parte de lo que deseo acrecentar más y más en mi persona...

En esta situación actual, en mi carta a los Reyes pido salud. Para todos. La fragilidad del ser humano es algo manifiesto ante los contagios del dichoso virus que anda por ahí. Me cuido y cuido a los demás, pero soy consciente que me puede tocar, sin quererlo ni buscarlo. Lo vivo con cierta inquietud, pero sobre todo con mucha paz.

A nivel de fe, pido sabiduría para saber discernir bien la estrella a seguir. Ella es Jesús. Pero, ante otras luces deslumbradoras, necesito esa Luz sabia para obrar lo mejor en cada momento. 

Ruego dinamismo y creatividad para ponerme en camino tras su resplandor, constancia y fidelidad en el peregrinar de la propia vida. Y poco más para seguir adelante. Soy consciente de la necesidad de avanzar ligero de equipaje. 

Al final de mi trayecto vital me encontraré con Aquel que es la Luz. No le llevaré ni oro, ni incienso ni mirra. Le abriré mi corazón como mi mejor ofrenda. Él lo acogerá con gozo e inmensa ternura. Sonreirá al ver en su interior los rostros y los nombres de quienes acompañaron mis pasos, también el tuyo.

Seguramente tú, también como yo, deseas que no muera nunca esa infancia que todos llevamos dentro. Adelante, es tiempo de caminar con ilusión y esperanza.

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Julio Roldán