lunes, 28 de mayo de 2018

Homilía Santísima Trinidad domingo 27 mayo 2018

A modo de introducción

San Agustín relata una historia en la que un niño en la playa había hecho un hoyo en la arena y con el cubo iba a la orilla del mar a llenarlo del agua del mar. Lo rellenaba y depositaba todo su contenido en aquel hueco. Le pregunto “¿qué haces?” , le respondió “quiero llenar todo el agua del mar aquí en este hoyo”. Le respondió: “tan imposible como llenar ese hoyo con todo el agua del mar, así de imposible es meter en la mente humana el misterio de la Santísima Trinidad”. Así que, por mi parte, no pretendo adentrarme en explicaciones que no me lleven a ninguna parte.

Cuenta Khalil Gibran en su libro El Profeta: “No digas Dios está en mi corazón, sino yo estoy en el corazón de Dios”. Y así es, yo estoy en el corazón de Dios significa que tu nombre y el mío están escritos en el mismo corazón divino.

La aventura de adentrarse en el misterio de Dios

Tengo un amigo al que le gusta mucho el submarinismo. Cuando me encuentro con él, me relata cuanto puede ver en el fondo del mar, la flora y fauna marina. Me muestra entusiasmado fotografías y me habla apasionado de todo aquello que para muchos está oculto cuando nos conformamos con mirar el mar superficialmente.  Ver una fotografía de lo que puede haber en el fondo del mar es hermoso, pero no lleva consigo la emoción de quién ha estado dentro.

Algo similar es en la aventura del misterio de Dios. Hay quienes contemplar el mar desde la orilla de la playa, se mojan los pies, otros avanzan más e intentan llegar hasta que le llegue el agua a los tobillos, hasta las rodillas o la cintura. O quienes, ya más decididos, se meten mar adentro y va descubriendo cada vez más quién es Dios.  Zambullirte cada vez más en Él, en la medida en que te adentras en su misterio lo vas conociendo más y más en su perfección, su grandeza… Lo importante es que tú y yo nos podamos adentrar en el misterio de Dios.

De profesión: amar, un defecto de Dios: no tiene memoria

¿Sabes algo? Dios solo sabe amar, esa es su profesión. Y si tuviera que decir un defecto de Dios, es que no tiene memoria. No la posee porque es tanto el amor por ti y por mí que perdona y olvida. Ya no cuenta para nada tu pasado, tu historia vivida con el pecado, con tus errores. Hace borrón y cuenta nueva. Por ello, qué maravilla poder zambullirnos en este misterio de este Dios que nos quiere con locura y nos perdona con ternura.


Ser reflejo de la Trinidad

Hace tiempo fui a un retiro espiritual donde se hablaba de la Santísima Trinidad. A partir de entonces pude entender de un modo más comprensible y humano  esta realidad divina. Lo que es este misterio de la Santísima Trinidad, el ponente lo explicaba del siguiente modo.

Dios Padre es fuente de amor, nosotros somos reflejo de Dios Padre al ser una fuente de amor para los demás. Dios Hijo recibe el amor del Padre, nosotros somos reflejo de Dios Hijo al recibir el amor de los demás. Dios Espíritu Santo une al Padre y al Hijo, nosotros podemos ser reflejo del Espíritu Santo cuando somos signo de unidad, cuando unimos a las personas. Se trata por tanto, de un Dios Comunidad, un Dios Familia.


Algo importante de Dios para ti

¿Qué es lo que Dios quiere de ti? Una respuesta sencilla e importante: ¡que seas feliz!. El libro del Deuteronomio, en la primera lectura de hoy, nos recuerda: “Guarda los preceptos y mandamientos que te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor tu Dios te da para siempre”.

¿Cómo vivir? Simplemente déjate llevar por el Espíritu Santo, pues eres hijo de Dios, de Abba, Padre, Papá, Papaíto… Hijo en el que no hay temor ni esclavitud y sí un espíritu de valentía, decisión, libertad. Y si somos hijos, también hermanos llamados a vivir la comunión a vivir en unidad. Lo que aquí estamos viviendo hoy en esta celebración, es un signo de comunión, de vivir unidos, de común unión.

Una mirada al futuro

Miramos para adelante y nos preguntamos ¿cuál es nuestra tarea? El evangelio de hoy nos habla del envío de los apóstoles, una llamada al discipulado, a la evangelización. La tarea de la Iglesia consiste en que tú comuniques lo importante que es Cristo para ti y cada uno de nosotros, que haya personas que quieran seguirlo cada día más de cerca. Luego vendrán los sacramentos. En definitiva, se trata de que tú y yo seamos páginas vivas del Evangelio, las páginas que lean los demás a través de nuestras obras.

Concluyo invitándote a sumergirte en el misterio de Dios amor, a que sientas todo lo que te quiere, a que vivas esta llamada a ser feliz, a dejarte llevar por el Espíritu de Dios, un espíritu de libertad, de valentía. Sobre todo, vive en confianza recordando las palabras de Jesús: “Yo estoy contigo todos los días hasta el fin del mundo”.


Y desde esta confianza, recuerda: “No digas Dios está en mi corazón, sino yo estoy en el corazón de Dios”.

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Julio Roldán