viernes, 30 de marzo de 2018

Meditación ante la Cruz


Miro el árbol de la cruz,donde está clavada la salvación del mundo.Y de rodillas,vengo a adorarle mientras elevo la mirada al crucificado.Como discípulo no puedo ser más que el Maestro y hago mío su estilo de vida.Todo un aparente fracaso, pero no.Tres días después la victoria de la vida sobre la muerte. Nada es una derrota para quien pone su confianza en Él.Esperar,ser paciente,perseverar son llaves para abrir una puerta a la sorpresa de lo inesperado.

Los pies del Maestro,clavados en la cruz,hablan por sí solos del peregrino de Nazaret. Atrás quedan sus pisadas por los caminos polvorientos de ciudades,pueblos y aldeas para llevar la Buena Noticia del Reino de Dios.
Me acerco a la cruz y beso los pies del Señor.Un gesto comprometido: ser caminante,peregrino, avanzar por sendas nuevas, mirar hacia adelante,continuar la apasionante misión iniciada por quien lo da todo hasta el extremo.

Brazos abiertos de un extremo a otro, capacidad ilimitada de acogida,un abrazo al mundo entero para llenarlo de ternura y misericordia.Brazos entregados, lo han dado todo y ahora quieren sostener a muchos para un camino más liviano en la vida.Esperan el relevo de quienes desean abrazar hoy al mundo desde la fuerza del amor divino latente en el corazón humano.

Manos atravesadas por los clavos, acompañantes en las sendas de la vida, sanadoras y liberadoras.Necesitan en este momento manos creadoras de fraternidad.

Inclinando la cabeza, entrega el espíritu.Muerte y vida,unidas.En los crucificados de hoy, la fuerza del Espíritu para mantenerme en pie en el seguimiento del Nazareno.Lo que externamente me lleva al rechazo,se transforma en aceptación del plan divino.

Miro el árbol de la cruz y contemplo cómo se entrelazan lo humano y lo divino.Escena similar treinta años antes,en su nacimiento, en el pesebre de Belén.Principio y final de una vida marcada por la humildad, sencillez y  pobreza. Recordatorio indispensable para quien desea ofrecer su vida al servicio del Reino. Hoy acojo tu cruz y con ella deseo unir humanidad y divinidad.En todo lo humano descubriré tu presencia, Señor. Todo tu amor y entrega lo llevaré a los hombres y mujeres de hoy,hermanos en el camino de mi vida. Pero sin duda, la senda de tu cruz me conducirá a la ruta de la luz.

Julio Roldán
Sacerdote
Viernes Santo 30 marzo 2018

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Julio Roldán