Jesús
no te vende una vida fácil: te ofrece una vida verdadera.
Hay
cruces que no eliges… pero puedes elegir cómo llevarlas.
“Cargar
la cruz” no es resignación: es amor en movimiento.
Como quien
sube una cuesta y se apoya en un bastón: no se rinde, se sostiene.
A
veces la cruz es perdonar, pedir perdón, empezar de nuevo, cortar
una mala costumbre.
Jesús te dice: no te pierdas por “ganar
cosas”.
Porque puedes tenerlo todo por fuera y estar vacío
por dentro.
Perder la vida por amor es, en realidad,
salvarla.
Hoy pregúntate: ¿qué parte de mí necesito soltar
para caminar más ligero?
Una cruz llevada con Él pesa menos,
porque no la llevas en soledad.

