Tu alimento para hoy - desplaza hacia abajo la barra situada a la derecha para leer la Palabra de este nuevo día

martes, 2 de junio de 2026

Y a ti ¿qué te plantea? Cuestiones para una persona no ceyente o alejada de la fe

 

Una visita del Papa no interpela solo a quienes van a Misa cada domingo. También puede decir algo a quien no cree, a quien se alejó, a quien tiene heridas con la Iglesia, a quien mira todo esto con distancia, indiferencia o incluso desconfianza.

Quizá no te plantee “volver” de golpe.
Quizá no te plantee rezar como antes.
Quizá ni siquiera te plantee estar de acuerdo con todo.

Pero sí puede abrir una pregunta honesta:

¿Y si hay algo más que todavía merece ser escuchado?


1. Te plantea si la fe que dejaste era realmente Dios… o una mala experiencia

A veces una persona se aleja no porque haya rechazado a Dios, sino porque se cansó de ciertas formas, de ciertos ambientes, de ciertas incoherencias o de heridas recibidas.

Y eso merece respeto.

Pero también conviene preguntarse:

¿He dejado a Dios o he dejado una imagen pobre de Dios?
¿He rechazado el Evangelio o he rechazado el comportamiento de algunas personas creyentes?
¿Mi distancia nace de una convicción profunda o de una decepción no curada?

La visita del Papa puede ser una oportunidad no para negar heridas, sino para mirarlas con más libertad.


2. Te plantea qué haces con tu sed interior

Aunque una persona diga que no cree, muchas veces sigue buscando sentido, paz, verdad, amor, perdón, esperanza, consuelo, razones para vivir.

Hay preguntas que no desaparecen:

¿Para qué vivo?
¿Qué sostiene mi vida cuando todo se tambalea?
¿Dónde coloco mi dolor?
¿Qué hago con mi culpa, mis miedos, mis heridas, mis deseos de empezar de nuevo?

La fe cristiana no elimina mágicamente esas preguntas, pero las pone delante de Alguien. Y eso cambia mucho.


3. Te plantea si merece la pena acercarse sin prejuicios

Puede que tengas una opinión ya formada sobre la Iglesia. Algunas críticas serán razonables. Otras quizá vienen de tópicos, de experiencias parciales o de lo que otros cuentan.

Pero una pregunta honesta sería:

¿Me atrevo a mirar de nuevo sin caricaturas?
¿Me permito escuchar antes de descartar?
¿Puede haber dentro de la Iglesia algo bueno que yo todavía no he visto o he olvidado?

No se trata de cerrar los ojos a los fallos. Se trata de no reducirlo todo a los fallos.


4. Te plantea si la comodidad se ha convertido en tu única brújula

A veces no nos alejamos de la fe por grandes argumentos. Nos alejamos poco a poco: por cansancio, por rutina, por falta de tiempo, por pereza interior, por dejarlo para otro día.

Y llega un momento en que uno dice: “No creo”, cuando quizá lo que pasa es: “Hace mucho que no busco”.

La pregunta sería:

¿He dejado de creer o he dejado de buscar?
¿Estoy viviendo desde decisiones profundas o solo desde lo que me resulta cómodo?


5. Te plantea qué lugar ocupa Jesús en tu historia

Quizá la Iglesia te cuesta.
Quizá los curas te cuestan.
Quizá las normas te cuestan.
Quizá las instituciones te cuestan.

Pero la pregunta central es más directa:

¿Qué hago yo con Jesús?

No con una idea vaga de religión. No con la imagen deformada que a veces hemos recibido. Sino con Jesús de Nazaret: el que tocaba heridas, levantaba caídos, perdonaba pecadores, comía con excluidos, defendía a los pequeños, miraba a cada persona como única.

¿Y si el problema no fuera Jesús, sino todo lo que se ha puesto encima de Él hasta ocultarlo?


6. Te plantea si todavía puedes dejarte sorprender

La vida endurece. Uno se protege. Dice: “Eso ya no va conmigo”, “yo ya pasé por ahí”, “a mí no me van a convencer”.

Pero hay algo muy humano y muy noble en conservar una rendija abierta.

¿Y si una palabra me toca?
¿Y si una celebración me despierta algo dormido?
¿Y si ver a tanta gente reunida por la fe me hace preguntarme por qué siguen creyendo?
¿Y si Dios no viene a reprocharme nada, sino a invitarme de nuevo?


7. Te plantea qué significa pertenecer a un pueblo

La fe no es solo una idea privada. También es memoria, cultura, comunidad, raíces, familia, fiestas, gestos, abuelos que rezaron, madres que encendieron una vela, personas que sirvieron en silencio, comunidades que acompañaron duelos y esperanzas.

Una visita así puede preguntarte:

¿Qué parte de mi historia está unida a esta fe, aunque ahora me sienta lejos?
¿Qué recibí de otros creyentes que quizá todavía me sostiene?
¿Hay algo en mis raíces espirituales que merezca ser reconciliado?


8. Te plantea si tu crítica puede convertirse en búsqueda

Criticar es fácil. A veces necesario. Pero quedarse solo en la crítica puede terminar siendo estéril.

Una pregunta más profunda sería:

¿Qué hago yo para que el mundo sea más humano?
¿Dónde pongo mi capacidad de amar, servir, perdonar, construir?
¿Me limito a señalar incoherencias o me dejo implicar en algo bueno?

La fe verdadera no es evasión. Es compromiso. Es salir de uno mismo.


9. Te plantea si podrías acercarte sin sentirte obligado a fingir

No hace falta tenerlo todo claro para acercarse.
No hace falta saber rezar perfectamente.
No hace falta sentirse “digno”.
No hace falta tener respuestas para todo.

A veces basta una actitud sencilla:

“No sé si creo, pero quiero escuchar.”
“Estoy lejos, pero no quiero cerrar la puerta.”
“Tengo heridas, pero quizá necesito luz.”
“No prometo nada, pero me atrevo a estar.”

Eso ya es mucho.


10. Te plantea una pregunta muy personal

Quizá la pregunta no sea:

“¿Voy porque soy creyente?”

Sino esta otra:

“¿Y si voy precisamente porque estoy buscando?”

Porque no todos los que se acercan tienen una fe fuerte. Algunos se acercan con dudas. Otros con nostalgia. Otros con heridas. Otros con curiosidad. Otros con una pequeña esperanza que no saben explicar.

Y quizá Dios empieza muchas veces por ahí: no por certezas inmensas, sino por una pequeña puerta entreabierta.


Preguntas para una persona no creyente o alejada

¿Qué me impide acercarme: una convicción, una herida, un prejuicio o simplemente la costumbre de estar lejos?

¿Cuándo fue la última vez que busqué a Dios con verdadera honestidad?

¿Estoy rechazando a Jesús o estoy rechazando una imagen incompleta de la Iglesia?

¿Qué tendría que pasar para que yo volviera a abrir una pequeña puerta a la fe?

¿Me atrevería a ir sin fingir, sin prometer nada, solo con el corazón disponible?

¿Y si esta visita no viene a presionarme, sino a recordarme que todavía hay un lugar para mí?


Cierre motivador

Si eres una persona alejada de la fe, no te digo: “Tienes que venir porque sí.”

Te diría algo más sencillo y más libre:

Ven si dentro de ti queda una pregunta.
Ven si alguna vez rezaste y algo de aquello todavía te acompaña.
Ven si estás herido, cansado o decepcionado.
Ven si no sabes si crees, pero tampoco quieres cerrar la puerta del todo.
Ven no para aparentar fe, sino para dejarte encontrar.

Porque quizá lo más importante no sea que tú tengas ya todas las respuestas.

Quizá lo importante sea permitir que una tarde de gracia te haga una pregunta nueva.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Un saludo.
Julio Roldán