Tu alimento para hoy - desplaza hacia abajo la barra situada a la derecha para leer la Palabra de este nuevo día

domingo, 17 de mayo de 2026

Peligros de decir no a la Misa con el Papa

 

A qué peligros te expones cuando pones excusas para no ir a la Misa con el Papa

Poner excusas parece algo pequeño. Uno piensa: “Tampoco pasa nada. Ya irán otros. Lo veré por la tele. No es para tanto.”
Pero, si somos sinceros, detrás de muchas excusas puede esconderse un peligro espiritual: dejar que la comodidad decida por la fe.

1. Al peligro de confundir prudencia con comodidad

La prudencia es buena: organizarse, ir acompañado, cuidar la salud, prever el transporte, llevar lo necesario.
Pero otra cosa distinta es usar la prudencia como disfraz de la pereza.

La prudencia prepara el camino.
La excusa cierra la puerta.


2. Al peligro de que otros decidan por tu conciencia

Cuando alguien dice: “No vayas, eso será un lío”, puede hacerlo con buena intención. Pero tu fe no puede quedar siempre en manos de la opinión de otros.

Hay que escuchar consejos, sí.
Pero también hay que preguntarse:

“¿Qué me está pidiendo Dios a mí?”

Porque una cosa es dejarse ayudar, y otra muy distinta es dejarse apagar.


3. Al peligro de enfriar el corazón

Una excusa hoy, otra mañana, otra después… y sin darnos cuenta el corazón se acostumbra a decirle a Dios: “Ahora no.”

No es que uno deje de creer de golpe. Es peor: uno sigue creyendo, pero cada vez responde menos.

Y la fe que no se ejercita se debilita.


4. Al peligro de perder una gracia que no se repite

Hay momentos que no vuelven.
Se pueden contar después, se pueden ver en imágenes, se pueden escuchar por otros… pero no es lo mismo que haber estado allí.

Tal vez Dios quería regalarte una palabra, una emoción, una decisión, una luz, un consuelo, una llamada.
Y tú podrías perderlo por una excusa pequeña.

No todas las oportunidades de gracia llaman dos veces.


5. Al peligro de dar mal ejemplo sin darte cuenta

Cuando una persona de Iglesia dice: “Yo no voy porque habrá mucha gente”, otros pueden pensar:
“Entonces no será tan importante.”

A veces nuestro desánimo contagia.
Pero también nuestra decisión puede levantar a otros.

Tu presencia puede animar.
Tu ausencia también habla.


6. Al peligro de vivir una fe demasiado cómoda

Una fe que solo responde cuando no cuesta, cuando no molesta, cuando no exige, cuando no cambia planes, termina volviéndose débil.

El amor verdadero siempre implica algún sacrificio.
También el amor a Cristo.
También el amor a la Iglesia.

Si todo tiene que ser cómodo para vivir la fe, quizá la comodidad se ha convertido en la verdadera autoridad.


7. Al peligro de quedarte como espectador

Verlo por televisión puede ser necesario para quien está enfermo o impedido. Pero quien puede ir y decide quedarse solo por comodidad corre el riesgo de vivir la fe desde fuera.

El cristianismo no es solo mirar.
Es participar.
Es caminar.
Es estar.
Es ofrecer el cuerpo, el tiempo, la voz, la presencia.


8. Al peligro de alimentar la pereza espiritual

La pereza espiritual no siempre dice: “No creo.”
A veces dice: “Ya veremos.”
“Más adelante.”
“No hace falta.”
“Mejor otro día.”

Y así va ganando terreno.

Por eso, a veces, el acto más espiritual es muy sencillo: levantarse y apuntarse.


9. Al peligro de perder libertad interior

Puede parecer que no ir es una decisión libre. Pero no siempre lo es.

A veces no voy porque tengo miedo.
A veces no voy porque otros me presionan.
A veces no voy porque me vence la comodidad.
A veces no voy porque me dejo llevar por el ambiente.

La verdadera libertad no es hacer siempre lo más fácil.
La verdadera libertad es elegir lo que merece la pena.


10. Al peligro de arrepentirte después

Puede llegar el día siguiente, ver las imágenes, escuchar los testimonios, oír a otros decir: “Fue precioso, fue emocionante, fue una gracia”… y pensar por dentro:

“Yo pude haber estado allí.”

Y esa pena no será por haberte perdido un evento.
Será por haber dejado pasar una oportunidad.


Pregunta para despertar la conciencia

Antes de decidir no ir, conviene preguntarse con honestidad:

¿No voy porque de verdad no puedo,
o porque no quiero hacer el esfuerzo?

Porque si de verdad no puedes, Dios conoce tu corazón.
Pero si puedes y no vas solo por excusas, quizá no estás evitando un cansancio: quizá estás evitando una llamada.

Una frase conclusiva

El mayor peligro de una excusa no es que te deje en casa.
Es que te acostumbre a decirle a Dios: “ahora no”.


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.
Un saludo.
Julio Roldán