Traen
a una mujer y la colocan en medio.
La convierten en espectáculo,
en acusación, en “caso”.
Eso hace el pecado: te deja
expuesto y sin aire.
Y eso hace mucha gente: señalar para
sentirse superior.
Jesús no grita, no humilla, no se suma al
linchamiento.
Se inclina y escribe en el suelo: como bajando el
volumen del odio.
Luego dice una frase que desarma: “El que
esté sin pecado, que tire la primera piedra”.
Uno a uno se
van, porque la verdad desnuda sin destruir.
Jesús se queda con
ella: no para justificar el mal, sino para abrir futuro.
“No
te condeno. Vete y no peques más”.
La misericordia de Dios no
es permiso para seguir igual: es fuerza para cambiar.
Hoy deja
caer alguna piedra: la de juzgar, la de la culpa, la del orgullo. ¿Cuál dejas?

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Julio Roldán