Jesús
recibe la noticia: “Tu amigo está enfermo”.
Y, aunque ama a
esa familia, parece tardar.
Eso desconcierta, como nos
desconcierta a nosotros: “Señor, ¿por qué no llegaste
antes?”
Pero el amor de Dios no llega tarde: llega a
lo profundo.
Cuando Jesús llega, Marta y María
lloran.
Y Jesús no da un discurso frío: llora con
ellas.
Dios no es indiferente a tu dolor.
Luego
Jesús hace algo increíble: pide que quiten la piedra.
La
piedra es lo que tapa, lo que encierra, lo que huele mal, lo que da
miedo abrir.
A veces tu piedra es un rencor, una culpa, una
herida, una tristeza vieja.
Y Jesús grita: “¡Sal fuera!”…
como si te llamara por tu nombre.
Hoy escucha: Cristo no solo
consuela; también resucita lo que creías perdido.
¿Te hace pensar en algo esta escena de Jesús? ¿Con qué personajes del relato te identificas? Coméntalo...
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Gracias por tu comentario. Un saludo. Julio Roldán
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