lunes, 26 de marzo de 2018

Homilía 28 aniversario ordenación sacerdotal - Domingo de Ramos 25 marzo 2018

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar…
Caminante, son tus huellas el camino, y nada más;
caminante, no hay camino: se hace camino al andar.
Al andar se hace camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.”

              Estos versos del poeta Antonio Machado, resumen mi experiencia de ser sacerdote, mi modo de vivirlo.
               Hace unos días, un buen amigo me comentó que en su meditación se fijaba en que Jesús era ante todo un caminante, alguien que estaba continuamente en camino y por tanto esa referencia debe ser la misma para un cristiano.
         Lo vemos cuando se traslada de una ciudad a otra, de un poblado a otro, predicando la buena noticia del reino, acogiendo a las personas, escuchándolas, realizando signos y prodigios.
            Y en este caminar, ha llegado a Jerusalén. Lo ha anunciado a sus discípulos y ellos no entendieron que allí debía de padecer y morir para luego resucitar. Sin embargo, sabiendo lo que le esperaba en la Ciudad Santa no se ha echado atrás, sino que ha sido fiel a la voluntad del Padre.
          Hoy le recibe una multitud aclamándolo, alzando sus ramos al aire… Los mismos que unos días después lo van a entregar y van a gritar pidiendo su crucifixión…
               Te invito a que, como seguidor/a de Jesús caminante descubras tu vida como un camino, marcado por momentos y etapas. ¿En qué momento te encuentras del camino de tu vida?¿Qué ha cambiado en tu vida desde el último domingo de ramos, hace ahora un año?
        Tienes en tus manos, unos ramos de olivo que has agitado en el aire, acompañando a Jesús…Y lo has hecho como expresión de tu deseo de seguirlo…Sin embargo, tenemos nuestras contradicciones y debilidades. Cuántas veces estamos animados a dar la vida por Cristo, pero el respeto humano, el miedo, el ser cumplidores de normas y preceptos nos aleja del seguimiento auténtico de Jesús. Sólo el Espíritu del Señor te ayudará a ti y a mí a superar nuestras propias contradicciones, a ser más auténticos en el seguimiento de Cristo.
                Te animo a que en este día descubras cómo quieres acompañar a Jesús en sus últimos días, en su pasión y muerte, para finalmente poder ser testigo de su resurrección. Te animo a que descubras cuál es tu papel en la pasión del Señor. Hoy no es fácil elegir, la oferta cultural y de tiempo libre es muy amplia en estos días y vivir cristianamente estos días exige madurez y responsabilidad…
              En este contexto doy gracias al Señor por el regalo del sacerdocio. Lo mejor que me ha pasado en mi vida. Un camino de 28 años, con diversos momentos y etapas. Una nueva etapa actual, distinta a la vivida los últimos años. Un deseo,  ser pastor con olor a oveja. Una pasión, llevar el evangelio al hombre y la mujer de hoy de modo renovado con creatividad e imaginación, hacerlo cercano al ser humano como respuesta a sus búsquedas e inquietudes. Un sueño, acoger con los brazos abiertos, escuchar con unos oídos atentos sin prejuicios, tender mi mano a quien la desee para acompañar en la fe, animar, consolar, liberar… En definitiva, ofrecer mi corazón a Cristo para seguir amando.
              Pido al Señor, al celebrar mi aniversario sacerdotal en este domingo de ramos, me haga un fiel discípulo suyo sin miedo a la cruz, sin miedo a las dificultades y adversidades para en definitiva resucitar con Él, le presento mi persona y mi ser para que tome mi barro y haga de mí su mejor obra.
              Le doy gracias a Dios por todas las personas puestas en este camino, desde mi familia, a las personas que Él puso en las parroquias en las que estuve, a cuantos hoy forman parte de mi trabajo pastoral en las diversas realidades eclesiales. En definitiva, a cuantos sin unirme los lazos de la sangre, los considero parte de mi vida, cuyos vínculos quizá sean mayores que los familiares.
            Miro al camino que me queda por recorrer, no sé cuánto desea el Señor que dure esta senda a recorrer en la propia existencia. Pero me pongo con la confianza ante este itinerario sabiendo que aquel que me llamó, él mismo llevará a buen término la obra iniciada en mí.
               “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.


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Julio Roldán