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miércoles, 18 de marzo de 2026
Desayunos en Cuaresma - MIÉRCOLES 4ª SEMANA -Jn 5,17-30 (La voz que da vida)
Jesús habla de su unión con el Padre.
martes, 17 de marzo de 2026
Desayunos en Cuaresma - MARTES 4ª SEMANA Jn 5,1-16 (El paralítico de la piscina)
Hay un
hombre que lleva muchos años en el suelo.
Se acostumbra a su
camilla, como si esa fuera su identidad.
Jesús le pregunta algo
sorprendente: “¿Quieres curarte?”
Porque a veces la
costumbre se vuelve cárcel.
Uno se acostumbra a la tristeza, al
victimismo, al “yo soy así”.
Jesús no discute mucho: le da
un mandato claro: “Levántate”.
La gracia de Dios no solo
consuela: también empuja.
Y el hombre camina… con su camilla
a cuestas.
Eso significa: tu pasado ya no te domina; ahora tú
lo llevas, sin que te aplaste.
Hoy escucha esa voz:
“Levántate”.
Da un paso pequeño, pero real, en la
dirección de la vida.
Y tú, ¿quieres curarte?¿hay algo en ti que necesite sanación? Escríbelo.
lunes, 16 de marzo de 2026
Desayunos en Cuaresma - LUNES 4ª SEMANA - Jn 4,43-54 (El hijo del funcionario real)
Un
padre suplica por su hijo enfermo.
Cuando amas, te vuelves
humilde: pides ayuda.
Jesús le dice una palabra… y el padre
se pone en camino.
Todavía no ve el milagro, pero ya
confía.
Eso es fe: caminar apoyado en una promesa.
Como
cuando siembras: no ves la planta, pero sabes que crecerá.
En
la vida espiritual a veces queremos pruebas antes de confiar.
Dios,
en cambio, te invita a confiar para ver.
El padre cree, y su
casa se salva.
Tu fe también puede ser refugio para otros.
Hoy
sostiene a alguien con esperanza: una oración, una llamada, un
“cuenta conmigo”.
¿Y cómo resuena hoy esto en ti? Compártelo con tu comentario.
domingo, 15 de marzo de 2026
Desayunos en Cuaresma - DOMINGO 4ª SEMANA - Jn 9,1-41 (El ciego de nacimiento)
Llegamos al domingo de la 4ª Semana de Cuaresma.
Este
Evangelio habla de un hombre que no ve… y de muchos que creen
ver.
Jesús se acerca sin culpar: no busca culpables, busca
sanar.
Hace barro con saliva: algo sencillo, humilde, casi
raro.
A veces Dios usa lo pequeño para hacer lo grande.
El
ciego obedece: se lava… y comienza a ver.
La fe es así:
primero confías, y luego entiendes.
Pero lo más duro no es la
ceguera física.
Lo más duro es la ceguera del corazón: “yo
ya sé”, “yo ya estoy bien”.
Cuando Jesús te da luz,
algunos se molestan, porque la luz incomoda.
Cuaresma es dejar
que Cristo te abra los ojos: ver tu vida, tus heridas, tus excusas…
y ver también su amor.
Hoy pídele una gracia: “Señor,
quítame las vendas que me pongo yo mismo”.
¿Qué te impide ver con el corazón?¿Reconoces cuáles son tus cegueras? ¿Cómo reconocer la Luz de Jesús? Compártelo.
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