Tu alimento para hoy - desplaza hacia abajo la barra situada a la derecha para leer la Palabra de este nuevo día

martes, 10 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - MARTES 3ª SEMANA - Mt 18,21-35 (Perdonar sin medida)

  


Pedro pregunta cuántas veces perdonar.
En el fondo pregunta: “¿cuándo puedo dejar de amar?”.
Jesús responde: no pongas contador al perdón.
Porque Dios tampoco lo pone contigo.
El Evangelio cuenta una deuda enorme perdonada… y luego una deuda pequeña no perdonada.
Es como apagar un incendio en tu casa y luego quemar la del vecino con una cerilla.
El perdón no es decir “da igual”.
Es soltar la cadena para no vivir atado al daño.
Perdonar es difícil, sí: por eso se hace con Dios, no solo con fuerza de voluntad.
Hoy empieza por un paso: deja de alimentar el rencor en tu cabeza.
Y reza: “Señor, dame tu manera de mirar a esta persona”.

¿Por dónde empezar para aprender a perdonar?¿Te atreves a compartirlo?Te leemos... 

lunes, 9 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - LUNES 3ª SEMANA - Lc 4,24-30 (Jesús rechazado)

  


Jesús vuelve a su pueblo y no lo reciben.
A veces lo cercano es lo que más cuesta valorar.
Es como tener un tesoro en casa y no abrir la caja.
La gente se enfada porque Jesús les rompe el orgullo.
Nos pasa: preferimos un Dios que nos aplauda antes que un Dios que nos convierta.
Pero Jesús no viene a acariciar el ego.
Viene a curar el corazón.
Y la cura, a veces, duele un poco al principio.
Este Evangelio te pregunta: ¿qué verdad de Dios me cuesta aceptar?
¿En qué me resisto porque “no me conviene”?
Hoy pídele un corazón sencillo: menos orgullo, más docilidad.

¿Y tú, eres de los que no te dice nada Jesús o te dejas interpelar por Él?¿De qué modo? Compártelo en comentarios.  

domingo, 8 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - DOMINGO 3º - Jn 4,5-42 (La Samaritana)

En este domingo comenzamos la tercera semana de Cuaresma.

Jesús se sienta junto a un pozo, cansado.
Eso ya dice mucho: Dios no es lejano, se sienta donde tú estás.
La samaritana va a buscar agua, como cada día. Rutina, calor, soledad quizá.
Y Jesús le pide: “Dame de beber”.
A veces Dios te pide algo pequeño para abrir una conversación grande.
Luego Jesús toca su sed más profunda: no solo agua, sino sentido, amor, verdad.
Es como cuando bebes refresco y a los cinco minutos vuelves a tener sed.
Hay sedes que solo se curan con “agua viva”.
Jesús no humilla a la mujer: le muestra su vida para sanarla.
Ella descubre que Dios la conoce… y aun así la busca.
Y sale corriendo a contar: cuando encuentras agua viva, te vuelves fuente para otros.

¿Y tú, de qué tienes sed en tu vida? Escríbelo en tu comentario.