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jueves, 1 de enero de 2026

Palabras de Jesús en el Nuevo Año

 


“No tengas miedo al tiempo que se va: yo estaba en cada día, también en los que no entendiste. No me impresionan tus listas de pecados ni tus fallos; me importa tu corazón. Yo no te cuento por éxitos: te llamo por tu nombre.


Mira el año con verdad, pero sin crueldad. Gracias por lo bueno que diste, aunque nadie lo viera. Y por lo que no pudiste: entrégamelo, no lo cargues solo. No te condenes por lo que quedó a medias: un comienzo pequeño es mío.


En estos días de Navidad, mírame pequeño: un Niño. No vine a aplastarte con exigencias, sino a salvarte desde la cercanía. Y por eso quise que mi primera casa fuera el corazón de una madre.


Mira a María, Madre mía y tuya: ella no lo entendió todo, pero lo guardaba y lo meditaba. No tenía el calendario controlado, pero tenía fe. Si el año te deja preguntas, déjalas también en sus manos. Ella sabe acompañar procesos, silencios, esperas. Ella te enseña a comenzar sin ruido, a confiar sin tenerlo todo atado.


Si te pesa el pasado, ven. Si te asusta el futuro, ven. Si estás cansado, ven: “Vengan a mí los que estáis cansados y agobiados”. Yo no te empujo; te sostengo. Te pido una cosa sencilla: que me abras una rendija y me dejes entrar ahí donde no llegas.


Para este año 2026, recién estrenado, no te prometo una vida sin cruces; te prometo mi presencia. Y una pregunta: ¿a quién quieres amar mejor? Empieza por lo concreto: una llamada, un perdón, un gesto, un tiempo para orar, un paso de reconciliación.


Y cuando hoy 1 de enero celebres a María Madre mía y tuya, escucha también su “sí” como si fuera para ti: el Dios puede nacer en tu vida tal como está, con tus límites y tu barro. Esta noche, con el sonido de las campanas, pídeme luz. Yo soy tu luz. Y si caes, no te alejes: vuelve. Yo sigo aquí contigo en este nuevo año.”


jueves, 25 de diciembre de 2025

Felicitación navideña - Diálogo eucarístico con Jesús

 

 

Diálogo eucarístico (felicitación navideña)

 

Jesús Niño se dirige a ti y te dice:

 

"PARA Ti

Vengo en SILENCIO. 

Vengo pequeño. 

Vengo FRÁGIL. 

Me hago Niño. 

Me hago PAN.

Entro en tu historia respetando tu LIBERTAD. 

Me quedo aquí, en la EUCARISTÍA, en silencio, esperándote.

Para un momento. MÍRAME. 

Déjate AMAR.

La Navidad es dejarme estar CONTIGO 

y permitir que tu vida se vuelva REGALO.

ADÓRAME en silencio. 

Y lleva al MUNDO lo que aquí recibes. 

Estoy CONTIGO."

 

Y tú le respondes con esta oración:

 

"Señor Jesús, aquí estoy.
No traigo defensas ni razones,
solo mi verdad tal como es.

Me dejo mirar por Ti
como Tú te dejas mirar en el Pan.
Me dejo amar
en este silencio que no exige nada
y lo dice todo.

Ante tu pequeñez,
mi orgullo se desarma.
Ante tu fragilidad,
mi dureza se quiebra.
Ante tu silencio,
aprendo a escuchar.

Tú te haces Niño
y yo quiero hacerme pobre.
Tú te haces Pan
y yo quiero aprender a partirme.
Tú respetas mi libertad
y yo hoy la pongo en tus manos.

Quédate, Señor,
en mi noche y en mi día.
Quédate cuando no sé rezar,
cuando no siento,
cuando no entiendo.

Haz de mi vida un pesebre sencillo
donde Tú puedas descansar.
Haz de mi corazón una custodia viva
que te lleve al mundo
sin ruido,
sin imponer,
solo amando.

Te adoro en silencio.
Te recibo como don.
Y te pido la gracia
de no guardarme lo que aquí recibo,
sino dejar que Tú sigas naciendo
en cada hermano.

Amén".