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domingo, 2 de agosto de 2026

"Renueva lo que creaste y conserva lo renovado"

    «Atiende, Señor, a tus siervos y derrama tu bondad imperecedera sobre los que te suplican, para que renueves lo que creaste y conserves lo renovado en estos que te alaban como autor y como guía. Por nuestro Señor Jesucristo…».

    Esta es la oración colecta del Domingo XVIII (18) del Tiempo Ordinario. También podremos escucharla en las celebraciones feriales de esta semana, siempre que el calendario litúrgico lo permita.

    En muchas ocasiones, la oración colecta puede pasar inadvertida. Quizá estamos pensando en otras cosas. Sin embargo, contiene una gran hondura y una extraordinaria riqueza espiritual. Ésta, concretamente, me ha sorprendido y me ha llegado al corazón de una manera especial.

    Comparto contigo por qué.

    En primer lugar, recibe el nombre de «colecta» porque recoge y reúne la oración de toda la asamblea. Después de la invitación «Oremos», se guarda un breve silencio. En ese momento, puedes presentar al Señor lo que llevas en el corazón: tus necesidades, agradecimientos, preocupaciones y esperanzas. Después, el sacerdote eleva, en tu nombre y en el de todos, una única súplica a Dios.

    Por eso, ese breve silencio no es un vacío ni una pausa sin importancia. Es un momento para tomar conciencia de que estamos delante del Señor y poner nuestra vida en sus manos.

    Pero hay una expresión de esta oración que me ha llegado especialmente al corazón:

    «Renueves lo que creaste y conserves lo renovado».

    ¡Qué hermosa petición! Dios no solamente nos creó: continúa actuando en nosotros. Él puede renovar lo que se ha desgastado, sanar lo que ha quedado herido, fortalecer lo que se ha debilitado y devolver esperanza a aquello que parecía apagado.

    El curso pastoral, el trabajo cotidiano, las preocupaciones y las responsabilidades pueden dejarnos cansados, desgastados e incluso interiormente dispersos. A veces llegamos al verano con la sensación de haber entregado mucho y de necesitar recuperar fuerzas.

    Por eso, el verano —aunque no hagamos grandes viajes ni tengamos planes extraordinarios— puede convertirse en una ocasión privilegiada para la renovación personal. Descansar bien, caminar, leer, contemplar la naturaleza, cuidar la alimentación, disfrutar de las personas queridas, buscar momentos de silencio y permanecer serenamente junto al Señor también forman parte de esa renovación.

    No se trata solamente de hacer cosas nuevas, sino de permitir que Dios haga nuevas todas las cosas en nosotros.

    Sin embargo, la oración añade algo igualmente importante: «conserves lo renovado». No basta con experimentar un momento de entusiasmo, consuelo o paz. Necesitamos pedir al Señor que nos ayude a cuidar y mantener la obra que Él mismo ha comenzado.

    La fidelidad cotidiana, la constancia, el silencio, la oración, la escucha de la Palabra, la Eucaristía y el contacto personal con el Señor nos ayudan a conservar lo recibido. Así evitamos echar en saco roto la gracia y regresar rápidamente a las prisas, los hábitos o las preocupaciones que nos desgastaban.

    Dios renueva, pero también sostiene. Él es, como proclama la oración, nuestro autor y nuestro guía: quien nos dio la vida y quien continúa acompañando nuestro camino.

    Un buen propósito para este verano podría ser prestar más atención a la oración colecta de cada celebración. Además de leer previamente las lecturas, puede resultar muy fructífero detenernos también unos minutos en esta oración, situada después del rito penitencial —y los domingos y solemnidades, después del Gloria—. En pocas palabras suele condensar una auténtica escuela de oración y un sencillo programa de vida cristiana.

Hoy puedes hacer tuya esta súplica:

«Señor, renueva en mí lo que se ha desgastado. Sana lo que está herido, fortalece lo que se encuentra débil y aviva lo que se ha ido apagando. Y ayúdame a conservar todo lo bueno que tu gracia está haciendo nacer en mi vida. Sé Tú mi autor y mi guía. Amén».

Y, para llevar esta oración a tu vida, te propongo tres preguntas:

¿En qué aspectos de tu vida necesitas que el Señor te renueve?

¿Qué realidad buena y nueva ha nacido en ti y deseas cuidar y mantener?

¿Qué medios concretos vas a emplear para conservar la obra que Dios está realizando en tu interior?

 


    

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Julio Roldán