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miércoles, 25 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - MiÉRCOLES 25 marzo - Anunciación del Señor


 

La Anunciación irrumpe en medio de la Cuaresma como una luz discreta pero decisiva. No es un paréntesis: es una clave. Dios no salva desde fuera, sino pidiendo permiso. Y una joven de Nazaret responde con un “sí” que abre la historia.

El “sí” de María no fue cómodo ni claro del todo; fue confiado. En plena Cuaresma, cuando revisamos vida, pecados, resistencias, su respuesta nos desnuda: muchas veces creemos en Dios, pero negociamos su voluntad. María, en cambio, se entrega sin condiciones. Su “hágase” no es resignación, es disponibilidad activa: deja espacio a Dios para que Él haga lo que nosotros no podemos.

Ese mismo misterio lo celebramos y actualizamos en la Eucaristía. Cada altar es una Anunciación: el Espíritu Santo desciende, la Palabra se hace carne sacramentalmente, y Cristo vuelve a decir “sí” al Padre por nosotros. Pero no basta asistir: estamos llamados a unir nuestro “sí” al suyo. Comulgar es decir: “Señor, entra en mi vida y haz en mí tu obra, aunque me descoloque”. Sin ese “sí”, la Eucaristía se queda en rito; con él, se convierte en transformación.

Para los laicos, este tiempo es llamada a la renovación bautismal. El bautismo fue el primer “sí”, muchas veces inconsciente. Cuaresma invita a hacerlo consciente: renunciar de verdad al pecado, elegir a Cristo en lo concreto, en la familia, en el trabajo, en las decisiones pequeñas de cada día. No un cristianismo de costumbre, sino de elección.

Y para los ministros ordenados, la Anunciación es espejo exigente. También el sacerdote ha sido llamado a encarnar a Cristo para los demás. Su “sí” no es solo del pasado (ordenación), sino de cada jornada: en la entrega pastoral, en la fidelidad escondida, en la oración cuando cuesta, en la Eucaristía celebrada con fe viva. Un sacerdote sin “sí” renovado se vacía; con él, se convierte en espacio donde Dios sigue entrando en el mundo.

Hoy, en mitad de la Cuaresma, la pregunta es directa y sin rodeos:
¿Dónde necesita Dios hoy tu “sí” concreto?

Pide conmigo la gracia de un “sí” como el de María: humilde, total, confiado.
Porque cuando alguien como tú dice “sí”, Dios hace maravillas.

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Julio Roldán