Jesús critica la fe de escaparate.
No porque la fe sea mala,
sino porque la apariencia sin corazón cansa.
Es
como pintar una casa por fuera y dejarla en ruinas por dentro.
Dios
no busca “gente perfecta”, busca gente verdadera.
El
Evangelio de hoy es una llamada a la coherencia: hacer lo que
dices.
Y también a la humildad: no vivir para “ser el
primero”.
La humildad no es pensar mal de ti.
Es saber
quién eres, sin inflarte y sin hundirte.
Jesús lo deja claro:
el grande es el que sirve.
Hoy revisa tus “porqués”: ¿hago
esto por amor o por quedar bien? Y elige un servicio pequeño,
escondido, sin aplauso.