viernes, 12 de octubre de 2018

Homilía aniversario 11 octubre 2018






Motivación visual
La imagen de esta fotografía acompañando estas palabras, unas manos unidas en torno a una mesa,  expresa la fraternidad de quienes oran los unos por los otros. Se trata de vivir la COMUNIÓN.

0.- El acto previo de ayer
La tarde de ayer, es el preludio gozoso de la celebración de hoy en este décimo sexto aniversario. Participaron más de medio centenar de personas en el encuentro celebrado en el salón de actos de las Nazarenas. Una pregunta “¿Qué retos tiene hoy para ti la santidad?”, basado en la exhortación apostólica “Alegraos y regocijaos” del Papa Francisco, es una auténtica experiencia de comunión y fraternidad.  Desde aquí el más sincero agradecimiento a Rafael, a Raúl y Sorange, Rosa Delia y finalmente Juan Carlos y Eli. Todos ellos relacionados con la Capilla, los dos matrimonios adoradores y las otras dos personas son visitadoras. Hay que tener en cuenta que a lo largo de la semana pasan tantas personas como adoradores que  incluso acuden varias veces a la semana superando el tiempo de una hora semanal que habitualmente dedica quien es propiamente adorador.  Aprovecho a recordar que si aún no conoces esta carta del papa puedas leerla desde que puedas, no te la pierdas, ¡es toda una gran riqueza espiritual!
1.- Significado de comunión
La palabra comunión no se refiere únicamente a recibir el Cuerpo de Cristo, a comulgar…Va más allá de ese acto puntual. Vivir la comunión es vivir la común unión no solamente con Cristo, sino también con el hermano. Y ahí tenemos el gran reto. Tu comunión será auténtica cuando vives en comunión con las personas que te rodean. Estar hoy aquí esta tarde en esta eucaristía ya es un acto de comunión. La fecha del 11 de octubre es esa fecha importante y entrañable, para reservar ya de un año para otro en nuestra propia agenda y que no podemos perdernos quienes realmente nos sentimos parte de esta familia de la capilla de Adoración eucarística.
2.- La comunión desde la Palabra
La Palabra que hemos escuchado nos ayudan a profundizar en esta reflexión. La lectura de la primera carta de  San Juan  ( 1 Juan 1, 3-7) recuerda : "lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo." El anuncio del evangelio nace de una experiencia de comunión con Dios que llevará a la comunión con los hombres y mujeres de hoy. Y más adelante afirma: "Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros”. Caminar en la luz, es vivir en comunión con los hermanos.
El Evangelio del día de hoy, es una llamada a la confianza en la oración (Lucas 11, 5-13): Pide y se te dará, busca y encontrarás, llama y se te abrirá. No hay petición que quede sin respuesta, Dios quiere darte no exactamente lo que le pidas, sino algo más importante y mejor, aquello que necesitas. La perseverancia y constancia en la plegaria es algo básico y fundamental. Pero, fíjate, se trata no tanto de una oración individual y personal, sino una oración que cada vez sea más comunitaria y más eclesial. Una relación con Dios que es auténtica comunión con los hermanos.

3.- Medios para la comunión
¿Qué medios tienes para vivir la oración desde la comunión? Son varios, uno de ellos el que cuando tengamos el listado actualizado de adoradores con sus datos personales, podamos pedir los unos por los otros, de modo especial cuando uno celebra su propio cumpleaños o un  aniversario. ¿Te imaginas lo bien que te puedes sentir cuando hay una fecha especial en tu vida, que todos los adoradores pidan por ti? Es una oración más comunitaria y menos individualista donde la fuerza de la oración es poderosa al unirnos los unos por los otros en una plegaria mutua. A esto podemos añadir la oración por los sacerdotes, en que próximamente a cada adorador se le dará el nombre de un sacerdote para orar personalmente por él y cuyos frutos pueden ser maravillosos por la mediación del Espíritu Santo. Pidamos vocaciones sacerdotales, por los sacerdotes, los seminaristas, los niños y los jóvenes para que descubran su camino y si el Señor les llama por este camino del sacerdocio reciban todo su apoyo familiar…
Asimismo en la oración podemos intensificar nuestra comunión con Dios, no tanto para pedirle, sino para ir más allá, para aprender a escucharle, tarea mucho más importante para vivir en disponibilidad al proyecto que Él tiene contigo y conmigo. Recuerdo aquella frase de San Agustín, muy válida para poner en nuestros labios: “Pídeme lo que quieras, Señor, y haz que yo quiera lo que me pides”.

4.- Mi servicio a la comunión
 En este sentido de crear comunión y vivir desde ella, está mi propia responsabilidad como sacerdote Rector de esta Capilla. Mi labor va más allá de lo meramente sacramental como es la celebración de la eucaristía o la penitencia. Mi servicio como  Rector es un signo de comunión, para sumar y multiplicar, no interesa restar ni dividir. Por lo tanto, tengamos presente estar coordinados, acoger las sugerencias e indicaciones que nos ayudan a unificar criterios en la propia espiritualidad y talante de quien es adorador para vivir más en comunión. Estar interesados por participar en retiros y actividades de la Capilla es un signo también que favorece todo esto para no empobrecer la adoración.

5.- San Juan XXIII y el Concilio Vaticano II
Curiosamente, este aniversario lo celebramos cada 11 de octubre, día en que la Iglesia recuerda a san Juan XXIII, promotor del Concilio Vaticano II. Me atrevo a presentarlo como nuestro santo copatrono. La convocatoria que hizo de aquel importante momento eclesial fue una bocanada de aire fresco para la Iglesia, un abrir las ventanas para renovar la vida de la comunidad cristiana extendida por todo el mundo. Hoy nos hace falta recordar la actualidad del Concilio Vaticano II, pues en él están recogidos los principios doctrinales y pastorales de la vida de la Iglesia en este tercer milenio. 

5.1.- Cuando tengas la tentación de mirar para atrás, fíjate en la actualidad del Concilio, con la mirada en él nos ponemos en camino hacia el futuro. Entre las principales novedades están la Iglesia como Pueblo de Dios, donde todos somos importantes por la vocación bautismal y nos ponemos al servicio de todos, la Iglesia como familia, como lugar para la fraternidad. Desde aquí, una de las primeras reformas es la liturgia, al hacerse todo en la lengua del pueblo, se consiguen celebraciones que todo el mundo entiende. Por eso, hoy no tiene sentido seguir con costumbres que responden a cuando la misa se decía en latín, es decir rezar el rosario u otras devociones personales durante la misa impide vivirla en plenitud y con autenticidad. 

5.2.- Otra novedad es la importancia de acudir a las fuentes, es decir la centralidad de la Palabra de Dios. Hoy proliferan mensajes, supuestas revelaciones particulares, devociones personales, muchas veces alejadas de la Palabra de Dios y la sencillez y esencia del Evangelio. Por eso, cuánto me alegra cuando veo a adoradores en su hora de adoración leyendo y meditando las lecturas de la eucaristía o rezan con los salmos la liturgia de las horas, detalles a tener en cuenta en la propia espiritualidad de comunión en el adorador. Creo que es importante que vayamos dando más importancia a este aspecto e ir incorporando alguna de las horas del rezo oficial de la liturgia, a las lecturas de la Eucaristía…

5.3.- Otro punto novedoso es el papel de los laicos en la Iglesia, es básico ir asumiendo responsabilidades, compartirlas juntos, sin miedo, sin tener que pedir al sacerdote que lo haga todo eludiendo uno mismo la tarea personal que muy bien podría hacer la persona seglar.

5.4.- Y a nosotros, como adoradores, visitadores de Jesús Eucaristía, el gran reto es hacer de la Eucaristía “centro y culmen de la vida cristiana”, en ella confluye la vida, las intenciones personales y familiares, el dolor del mundo, sus gozos y sus esperanzas, porque nada de lo humano es ajeno al cristiano. Y de la centralidad de la eucaristía parte nuestro compromiso en el mundo como sagrarios vivientes para dar testimonio del inmenso amor de Cristo para cada uno de nosotros.
Ojalá que desde esta centralidad de la eucaristía y nuestra participación en ella, podamos oler a pan recién hecho, ese aroma siempre atrayente para vivir la fraternidad y la comunión. De este modo, otras personas, especialmente jóvenes puedan sentirse atraídas por Cristo para poder saborear su presencia entre nosotros.

Por eso, la intercesión de nuestro santo copatrono san Juan XXIII, nos puede ayudar a vivir con más intensidad el Concilio Vaticano II por él convocado y que sigue teniendo hoy total vigencia. Es un gran gesto de comunión.

6.- Resumen o idea principal
Quédate con esa imagen de esas manos unidas en torno a una mesa y esa palabra “Comunión”, ahí tienes el resumen de estas palabras de hoy, recordando esta fotografía recordarás toda la homilía de esta fecha. Por mi parte, como sacerdote Rector ofrezco mi ministerio al servicio de la comunión, al servicio de la comunión con Cristo y al servicio de la común unión contigo y con cada uno de ustedes.
La celebración de este aniversario puede ser una ocasión ideal para renovar el propio compromiso como adorador y hacerlo de modo comunitario, creando comunión, sintiéndonos en familia, como estamos ahora. Te invito a que hagas tuya la siguiente oración:

7.- Plegaria de renovación de compromiso como adorador

Concédeme, Señor:

Ojos ciegos ante los defectos de mis hermanos. Ojos nuevos para contemplarte con asombro, para poseer una mirada como la tuya sobre mis hermanos, mirada de amor, ternura y misericordia.

Oídos sordos a comentarios y conversaciones inútiles, oídos atentos a tus palabras, para escucharte más en el silencio y en la vida de cada día.

Boca cerrada para críticas y calumnias. Boca que no repita lo mismo por rutina, boca lejana a toda monotonía Boca para bendecir y alabarte. Boca para sonreir más y reírme de mí con humor y amor. Boca bien dispuesta para alentar y animar con mis palabras.

Manos atadas para no cometer maldad. Manos libres para obrar el bien. Manos que dicen adiós al individualismo. Manos unidas no tanto para rezar sino para unirse a otras para construir fraternidad.

Pies que no ofrezcan dificultad para avanzar. Pies de peregrino para recorrer nuevas rutas sin miedo, con valentía, caminando ágilmente en la senda de la vida. Pies en la tierra para no vivir en las nubes y llegar un día al cielo.

Corazón no de piedra, sino de carne para sentir el dolor y las alegrías de los hombres y mujeres de hoy. Corazón para amar la fragilidad ,lo débil. Corazón grande sin puertas y sin miedo para amar. Corazón que palpita ante lo nuevo, se estremece ante el poder de tu amor y la fuerza de tu Evangelio.

Haz de mí un trozo de tu Pan, capaz de partirme y repartirme, quiero tener ese olor apetecible de pan recién hecho, quiero tener olor a ti a través de mis obras...

Renuevo mi compromiso de adorarte y lo hago con todo mi corazón, con toda mi alma, con todo mi ser. Solo quiero quedar fascinado por ti, tan solo lo que hago es mirarte y Tú me miras.

Aquí me tienes para recibirte en cada comunión, pero aún más para poder vivir en comunión, en común unión con mis hermanos. Ayúdame a vivir siempre así con los sacerdotes, religiosos, y todas las personas bautizadas, miembros de tu Iglesia, cuantos somos tu Pueblo.

No te entrego una hora semanal de mi vida, ni dos ni tres.
Te entrego mi tiempo, es tuyo; mi persona, todo lo que soy.




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Julio Roldán