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sábado, 7 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - SÁBADO 2ª SEMANA - Lc 15,1-3.11-32 - El hijo pródigo

  

Si te das cuenta, este Evangelio no habla de un hijo: habla de un Padre.
Un Padre que no se cansa de esperar.
Y cuando el hijo vuelve, corre.
Dios corre hacia ti cuando das un paso hacia Él.
El hijo vuelve con discurso, pero el Padre lo corta con un abrazo.
Porque Dios no te recibe con factura, te recibe con misericordia.
La Cuaresma es “volver a casa”, aunque vuelvas roto.
Y también es cuidar el corazón del hermano mayor: el que cumple, pero se amarga.
Porque se puede estar “cerca” de Dios y vivir lejos por dentro.
Hoy el Padre te dice: “Entra. No te quedes fuera. Todo lo mío es para ti”.
Si necesitas, vuelve con una oración mínima: “Padre, aquí estoy”.

¿Esta imagen del Padre bueno anima tu fe o la desconocías? ¿Cómo es el Dios en el que crees? Descríbelo y compártelo. 

viernes, 6 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - VIERNES 2ª SEMANA - Mt 21,33-43.45-46 (Los viñadores)


  

¿Te has fijado? Dios te confía una viña: tu vida, tu familia, tu comunidad, tus talentos.
La viña no es “tu propiedad”: es un regalo para dar fruto.
El problema de los viñadores es que quieren quedarse con todo.
Es como recibir una casa prestada y comportarte como dueño absoluto.
Jesús te recuerda algo liberador: todo es don.
Y cuando lo aceptas, dejas de vivir agarrado.
Dar fruto no significa hacer mil cosas.
Significa amar mejor: con justicia, con verdad, con fidelidad.
Hoy revisa: ¿en qué me estoy adueñando? ¿de qué no quiero soltar?
Y di una frase sencilla: “Señor, esta viña es tuya… enséñame a cuidarla contigo”.
Un fruto concreto para hoy: una decisión buena que estabas aplazando.

¿Qué le responderías a Jesús ante estas palabras? Escríbelo en tu comentario. 

jueves, 5 de marzo de 2026

Desayunos en Cuaresma - JUEVES 2ª SEMANA - Lc 16,19-31 (El rico y Lázaro)


  

Este Evangelio es una alarma suave, no un golpe.
El rico no aparece como “malvado”; aparece como ciego.
Tan acostumbrado a su comodidad que ya no ve al que sufre en la puerta.
Y eso pasa: la costumbre puede dormir el corazón.
Lázaro está ahí, a un paso… y aun así es invisible.
La Cuaresma te despierta: “Mira. Date cuenta. Reacciona”.
No se trata de culpa, se trata de conversión.
Es como limpiar unas gafas: de pronto ves lo que antes ignorabas.
Hoy mira tu “puerta”: ¿quién está cerca y necesita algo?
A veces no es dinero: es tiempo, escucha, compañía, respeto.
Y recuerda: el amor se juega en lo cotidiano, no en las ideas.

¿Te pareces en algo al rico?¿En qué, qué puedes cambiar en ti? Participa con tu comentario.